Después de su arribo el domingo a la capital ecuatoriana, Francisco, de 78 años, viajó a Guayaquil para visitar el santuario de la Divina Misericordia antes de celebrar la misa. Fiel a su estilo sencillo, el Papa se trasladó del aeropuerto de la ciudad costera en un pequeño Fiat plateado que llevaba las placas "SCV 1", abreviatura de Stato della Citta del Vaticano, o Estado de la Ciudad del Vaticano.
Luego se subió a un Jeep descubierto para llegar al escenario del parque donde celebró la primera misa de su gira por América del Sur ante unas 800.000 personas, según cálculos de las autoridades.
El eje central de la homilía del Papa argentino fue la familia, a la que consideró "gran riqueza social, que otras instituciones no pueden sustituir, que debe ser ayudada y potenciada, para no perder nunca el justo sentido de los servicios que la sociedad presta a los ciudadanos", dijo. "En efecto, éstos no son una forma de limosna, sino una verdadera deuda social respecto de la institución familiar, que tanto aporta al bien común de todos", dijo.
Esta cuestión será tratada en una reunión de obispos en el Vaticano en octubre que durará un mes. Se espera que en la misma se debatan las formas de llegar a los divorciados que no pueden recibir la comunión a menos que se abstengan de las relaciones sexuales. También se tratarían las maneras de abordar a los católicos homosexuales.
Los cambios en el enfoque de estos temas son muy resistidos por los obispos conservadores. "La Iglesia celebrará el Sínodo Ordinario dedicado a la familia, para madurar un verdadero discernimiento espiritual y encontrar soluciones concretas a las muchas dificultades e importantes desafíos que la familia de hoy debe afrontar", dijo el Papa en la misa. "Los invito a intensificar su oración por esta intención, para que aun aquello que nos parezca impuro, nos escandalice o espanta, Dios lo pueda transformar en milagro. La familia hoy necesita de este milagro", agregó.
Cuando se le preguntó sobre ese pasaje al portavoz del Vaticano dijo que el Sumo Pontífice no se estaba refiriendo a controversias específicas, pero que buscaba que el sínodo hallara formas de "ayudar a la gente a moverse de una situación de pecado a una situación de gracia".
El mensaje de Francisco caló hondo entre los asistentes, que aguantaron el calor extremo gracias a los chorros de agua que arrojaron los bomberos. No obstante, algunas personas perdieron el conocimiento y debieron ser auxiliadas.
La visita a Guayaquil coincidió con el aumento de la agitación social. En las últimas semanas la ciudad costera ha sido epicentro de protestas contra el Gobierno por el aumento de impuestos y el presidente, Rafael Correa, a quien acusan de autoritarismo. En cambio, el mandatario afirma que los opositores intentan opacar la visita del Papa.
Los críticos del presidente suspendieron las protestas por el viaje de Francisco, pero algunos abuchearon el domingo a funcionarios que acompañaban la caravana papal. Al llegar a Ecuador, Francisco exhortó al diálogo y a valorar las diferencias para que los progresos sociales lleguen a todos los ecuatorianos.
En Guayaquil, Francisco también visitó el Santuario de la Divina Misericordia, donde estuvo unos minutos orando en silencio frente al altar para luego dar la bendición con su característico sentido del humor. "Les doy la bendición. No les voy a cobrar nada, pero les pido por favor que recen por mí. ¿Me lo prometen?", dijo.
Después de Ecuador, el Papa seguirá su gira por Bolivia y Paraguay. Está previsto que lleve un mensaje de esperanza a presos, indígenas y campesinos tras el pronunciamiento papal más controvertido en medio siglo: un exhorto en una encíclica a defender a los pobres y el medio ambiente.
Francisco había visitado Brasil en 2013 en reemplazo de su predecesor Benedicto después de su repentina renuncia. Pero como eligió a estos tres países suramericanos para esta gira, asesores del Vaticano aseguran que su viaje a América Latina es un "regreso a casa".
| Agencias Reuters, EFE, |
ANSA, DPA y AFP


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