13 de mayo 2016 - 00:00

Función benéfica de las redes sociales

 En 1954 se realizó el primer trasplante de riñón. Más de medio siglo más tarde, la idea de salvar una vida donando un órgano parece clara en la teoría, sólo que en la práctica pocas veces sucede. Si bien la mayoría de las personas está de acuerdo con donar órganos, sólo un pequeño porcentaje deja eso explícito por escrito. E inclusive, aun quienes hacen eso, tampoco pueden contar con que la ley de probabilidades, y la burocracia de distintos estados y distintos y países, jueguen a favor de su voluntad de salvar otras vidas.

Como la idea no es deprimir al lector con estadísticas tremendas, basta sintetizar explicando que en todo el planeta hay muy pocos donantes de órganos para mucha gente cuya vida depende de conseguir el órgano adecuado. Y un solo donante debidamente registrado puede salvar ocho o nueve vidas. Lamentablemente esas posibilidades se desperdician por torpezas burocráticas aun en el llamado Primer Mundo, y sobre todo por gente que está de acuerdo con ser donante pero no termina de registrarse debidamente. En ese sentido, es fundamental difundir el trabajo de Organize, una ONG estadounidense dedicada a potenciar las redes sociales (Facebook, Instagram, Twitter) para que cualquier hipotético donante de órganos sea considerado realmente como tal -sin burocracias que evaporen sus buenas intenciones- logrando que quienes están en las larguísimas listas de espera para transplantes se enteren, ipso facto, de que tendrán más posibilidades de sobrevida. Organize fue creada por el hijo de un sufrido paciente necesitado de un trasplante de corazón del siglo pasado y una productora de programas del canal MTV, Gregg Segal y Jenna Arnold. Quien quiera donar órganos -en caso de accidente o muerte natural- o necesite un trasplante para seguir gozando de la buena vida, debería chequear Organize. No sólo para entrar en la lista, sino también para ayudar a que esta iniciativa se reproduzca suficientemente.

Diego Curubeto