25 de septiembre 2009 - 00:00

G-20: dan más poder a los emergentes dentro de FMI

Anoche Obama y su esposa, Michelle, saludaron a Cristina de Kirchner, al ingresar a la cena que marcó el inicio de la cumbre.
Anoche Obama y su esposa, Michelle, saludaron a Cristina de Kirchner, al ingresar a la cena que marcó el inicio de la cumbre.
Pittsburgh (enviado especial) - Cristina de Kirchner cenó ayer en esta ciudad, en la gala de recepción que Barack Obama les dio a todos los presidentes que concurren a la cumbre del G-20. Fue el inicio de las reuniones que seguirán hoy en una sesión donde se firmará la declaración final que anoche todos los «sherpas» (representantes de cada país en el grupo) seguían negociando. Unos minutos antes, todos los ministros junto con los representantes ante el Grupo, como Héctor Timerman por la Argentina, también participaron de un cóctel inicial, mientras los equipos de cada país continuaban negociando.

La declaración final, que se firmará hoy al terminar la sesión oficial del G-20 en el Centro de Convenciones de Pittsburg, incluirá una transferencia del 5% de votos en el FMI desde los países desarrollados hacia los emergentes, según se leía anoche en el borrador final. Esa cesión de derechos de voto había sido propuesta por EE.UU., aunque en un porcentaje menor que la pretensión de Brasil, China, Rusia y la India, que exigían al menos transferir el 7% de ese poder de decisión en el organismo. Es una de las cláusulas más claras de las intenciones del Gobierno de Barack Obama por mostrar una cara más amigable de EE.UU. en el FMI frente a los países con menor desarrollo, aunque el poder de decidir no cambiará sustancialmente.

En ese pulido final del documento de este Grupo que analizará permanentemente los efectos de la crisis y el sistema financiero internacional, se acordó limitar el impacto de la publicación de los informes del FMI sobre la situación económica de cada país (una suerte de freno a esa función de calificador de riesgo que cumple el organismo). También se negociaba una cláusula que garantizara la consolidación del G-20 y duros cuestionamientos, como exigió Francia, a los beneficios extraordinarias que otorgan las entidades financieras a sus ejecutivos, como en los casos de bancos que en medio de la crisis seguían distribuyendo bonus a sus ejecutivos cuando estaban casi al borde de la quiebra.

Se incluía también una cláusula para compartir información entre los países en los casos de que algún integrante acceda a ella. Hasta anoche seguían esas pujas entre los integrantes con China y Estados Unidos como principales competidores en la redacción de la declaración.

Cristina de Kirchner comenzó la Cumbre del G-20 rodeada de sindicalistas: Guy Ryder, secretario general de la Confederación Sindical Internacional, y Stanley Gaceck, cabeza del sindicalismo estadounidense, se reunieron ayer con ella para agradecerle que la Argentina hubiera impulsado el ingreso de la OIT al G-20 y que consiguiera incluir en la declaración final un capítulo sobre la protección de los trabajadores frente a la crisis financiera.

El organizador de ese encuentro fue Carlos Tomada, pero el ambiente lo animaron el albañil Gerardo Martínez, junto con Jorge Taiana, Amado Boudou y Cristina de Kirchner. Abajo, en el lobby del hotel donde se aloja la delegación, los esperaban para comprobar personalmente que el sindicalismo internacional no es igual que el local el formoseño Jorge Capitanich, Gildo Insfrán, José María Díaz Bancalari, la diputada Nora César y Agustín Rossi.

Los sindicalistas le explicaron a Cristina de Kirchner el documento que le presentarán hoy a Barack Obama y a Dominique Strauss-Kahn, director gerente del FMI, sobre los efectos que seguirá teniendo la crisis en el empleo: «La crisis no terminó; aún no salimos. No es cierto que se vean los brotes verdes de la recuperación», le dijo Ryder a la Presidente explicando que la destrucción de puestos de trabajo continuará.

Los sindicalistas llevarán al G-20 una lista de las medidas que tomó cada país para enfrentar la crisis y cómo impactaron en el mercado laboral: «Con esas medidas se salvaron entre 7 y 11 millones de puestos de trabajo», dijeron.

«Nos vinieron a agradecer que la Argentina haya impulsado el ingreso de la OIT en el G-20. Han presentado un documento interesante, con una perspectiva desde los trabajadores que yo creo que no son tan sectoriales, sino que comprenden el verdadero problema, que es el desempleo y lo que esto significa de pérdida para los trabajadores y también para la economía», dijo al final Cristina de Kirchner.

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