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Gabetta: “Si un concierto no transforma, no sirve”
Sol Gabetta: “El cliché de querer una cierta combinación de orquesta y director porque son músicos de renombre no es suficiente para mí.”
Periodista: ¿Qué significación personal y musical tienen las dos obras que abordará en estos conciertos?
Sol Gabetta: Mucha, porque con la OCB y Antonini son los dos conciertos que más hemos interpretado en los últimos cuatro años. Hacemos un gran trabajo de fondo especialmente con el concierto de Schumann cada vez que esta obra maestra está en programa; es un concierto que permite y obliga tanto al solista como a la orquesta a buscar una nueva forma de interpretación y concepción, por su estructura extremamente compleja pero al mismo tiempo transparente y minimalista como casi ningún otro concierto para cello. La forma de este concierto es el mayor enigma para mí. El tiempo de trabajo con este repertorio y en esta combinación con Antonini y la Orquesta de Cámara de Basilea nos permitió buscar una interpretación mucho más de «cámara / solistica" que "sinfónico orquestal / solística". Es mucho más interesante pensar la comprensión del lenguaje musical en sí de este período romántico como un post-clasicismo que como un romanticismo en sí. Eso cambia la manera de concebir una obra, y me permite buscar tanto en colores como en articulación y dinámicas un espectro más rico y variable - extenso que pensarlo como una obra puramente romántica.
P.: ¿Qué es lo más interesante de trabajar en general con Antonini y particularmente el repertorio romántico?
S.G.: Durante muchos años se categorizaba a Antonini como un especialista en música barroca pero, trabajando con él año a año y después de haber interpretado un par de veces bajo su dirección el triple concierto de Beethoven, me dije que sería la persona ideal para descubrir con él el repertorio tempranamente romántico, ya que en ninguna de mis otras experiencias anteriores con este repertorio y diferentes directores de orquesta me convenció totalmente la lectura del texto musical de este tipo de repertorio. El hecho de que Antonini venga de un ambiente musical barroco, más minimalista, con un lenguaje más acentuado y rítmico pero al mismo tiempo de una extrema flexibilidad interpretativa, gracias a la gran estructura rítmica sobre la que uno trabaja con el repertorio barroco, me permitió comprender qué es la llamada libertad musical, tanto emocional como musical. La estructura da la libertad.
P.: ¿Qué directores con los que ha colaborado la han marcado más?
S.G.: Uno de mis preferidos de repertorio con orquesta sinfónica es Valery Gergiev, porque su búsqueda musical va más allá de mil explicaciones, es algo diferente de otros directores. Deja una extrema libertad y espacio al solista. Sabe compartir, si es necesario, al servicio de la música. La música es su prioridad. También trabajar este año por primera vez con Simon Rattle y la Filarmónica de Berlín fue una gran emoción. Antonini está en la lista de mis directores preferidos; trabajo regularmente con él tanto con su ensamble «Il Giardino Armónico» como con otras orquestas en Europa o la OCB y con repertorios muy variados.
P.: ¿De qué manera logra la adaptación de su técnica y su interpretación a los distintos estilos, desde el barroco hasta la música actual?
S.G.: Con mucho tiempo de estudio, la experiencia de los años y una apertura de espíritu y ganas de aprender día a día.No es nada fácil el cambio y uno siempre tiene la sensación de no llegar al cien por cien, pero creo que el camino y la búsqueda son el objetivo de nuestra vida musical; en el momento que esto se termina también mueren el interés, la pasión, la esperanza, y cuando desaparece esto comienzan el aburrimiento, la frustración, la rutina, que lamentablemente no nos permite crecer sino solo disminuirnos.
P.: ¿Le interesaría en un futuro abordar la dirección orquestal como forma de enriquecer su experiencia musical?
S.G.: Muchas veces me dicen que con mi carácter e ideas musicales debería dedicarme a la dirección, aunque sea solo en terrenos más personales (de aprendizaje o descubrimiento) de todo un otro repertorio. Pienso que sería sumamente interesante pero también pienso que en esta vida no se puede hacer todo y ser todo, hay que tomar una decisión y trabajar muy duro por ella. Por ahora como cellista estoy sumamente plena y no siento la necesidad de hacer un paso en esta dirección, ya que dentro de mi universo del cello tengo tantos cosmos y estrellas dando vuelta que aun quiero ver brillar (mi festival Solsberg, la Cappella Gabetta, mis alumnos en Basilea, etcétera) que por el momento me es más que suficiente y requieren mucha atención y trabajo para que eso día a día dé frutos.
P.: Hace dos años en una entrevista con este diario usted reflexionó sobre el ritmo vertiginoso al que viven los músicos. ¿Este ritmo le da el tiempo necesario para madurar por ejemplo un repertorio nuevo? ¿Cómo se compatibiliza ese frenesí con la reflexión que requiere una interpretación musical?
S.G.: La comprensión del tiempo es algo relativo para cada ser humano, pero los años y la experiencia son la verdadera marca del tiempo, ya que también depende mucho de qué se hizo durante ese pasado. En Europa es una locura la velocidad con la que las cosas se mueven, y hay un ritmo a seguir si uno quiere estar en ese tren, pero ahora nadie nos obliga a ir en tren para llegar al mismo objetivo. A mí me interesa ir por diferentes medios, cada vez que recorro el mismo trayecto tomo el tren pero vuelvo a pasar la próxima vez y me muevo en otro medio de transporte que me permite descubrir detalles y sensaciones que no había visto ni sentido antes, ya habiendo pasado por allí. La música es un viaje, como la vida. Yo decidí ir por mi propio camino con una interpretación y sobre todo con mis decisiones de cuándo grabar qué y con quién especialmente. El cliché de querer una cierta combinación de orquesta y director sólo porque sean grandes músicos de renombre no es suficiente para mí. Lo mismo pasa con el repertorio: ¿por qué debo grabar primero los cinco o siete conciertos más importantes del repertorio de violonchelo para marcar mi camino, habiendo tanto otro repertorio que se grabó poco o se escucha menos? Yo interpreto y desarrollo el famoso gran repertorio día a día en mis giras de conciertos, y en cuanto siento que es el momento ideal, ahí decido grabarlo, pero raramente antes. Me gusta elegir la gente con quien trabajo y mi gran privilegio es conocer y apreciar ciertos músicos que a lo mejor no son a veces los más famosos en el mercado.
P.: El mercado de la música clásica no es ajeno a la importancia de la imagen de los artistas. ¿Cómo se lleva con este aspecto?
S.G.: La imagen es importante, la imagen es lo que uno vende, pero lo que luego el público recibe va más allá de una «imagen». Al menos debería serlo cuando se habla de arte. Muchas personas de un público dicen "vamos a ver mañana al concierto a...", otros dicen "vamos a escuchar mañana al concierto a..." y muy pocos dicen "vamos a disfrutar mañana a...". Esto explica también la diferencia con la que ya un público en sí entra en una sala de concierto, todos atraídos por la misma persona o música, pero con tres objetivos completamente diferentes. Por eso para mí la única verdad y pureza está en el momento en el que el arte comienza a existir. Un concierto que no implique una transformación tanto mía como de mi público entre el momento de entrar y salir de la sala es un concierto sin mucho sentido. Es la visión y el ideal que finalmente transforma y da realmente lugar al arte en sí.
Entrevista de Margarita Pollini


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