13 de noviembre 2009 - 00:00

Garzón: nueva estrella de la costa esteña

La localidad es habitada por apenas 200 personas. El turismo la empieza a descubrirla.
La localidad es habitada por apenas 200 personas. El turismo la empieza a descubrirla.
Uruguay lo tiene todo: sol y playa, termas, sierras, paisajes imponentes. Estancias rurales o ciudades cosmopolitas. Pero hay un destino que en sus comienzos fue un paradero indígena, luego un pueblito de pescadores y con el tiempo se convirtió en un clásico del turismo, no sólo para los argentinos sino también para el resto del turismo internacional. Se trata de Punta del Este. Y a poco menos de una hora de allí, el prestigioso chef argentino Francis Mallmann abrió una posada restorán en un pueblito llamado Garzón, que apunta a ser el último y más preciado tesoro de los uruguayos. Dicen que el chef se enamoró del antiguo almacén de ramos generales, frente a la plaza de este pueblito que queda a 35 kilómetros de José Ignacio, y lo transformó en esta posada-boutique con cinco habitaciones y un restorán privado. Dado el espíritu bohemio de la zona, varios artistas plásticos internacionales se han instalado allí, dedicados a la pintura y la escultura. Lo cierto es que los lugareños comenzaron a recibir turistas de todo el mundo y el movimiento comienza a dar sus buenos frutos. Tanto, que en la guía francesa Michelin, una de las referencias sobre los tenedores que otorga la publicación es la cantidad de kilómetros que vale la pena desviarse para ir a comer a ese lugar. Todo un dato.

Pero quienes visitan Garzón no imaginan que esa pequeña localidad semidespoblada llegó a tener 2.000 habitantes entre 1930 y 1950, cuando la actividad industrial y comercial giraba en torno al molino y a la estación del ferrocarril. Había 6 carnicerías, 5 fondas, 7 herrerías, varias peluquerías, almacenes, zapaterías y hasta una farmacia.

El tren pasaba con cuatro frecuencias diarias, dos a Montevideo y dos a Rocha. Había también una línea de ómnibus a San Carlos; carruajes que trasladaban gente desde y hacia la estación con cada frecuencia de tren y un ómnibus chico que cumplía la misma función que los carruajes.

Cuando comenzó a decaer el trabajo en el molino, el cual daba trabajo a productores de trigo y maíz de la región, dejó de funcionar el ferrocarril y con la construcción de la Ruta 9 a más de 11 kilómetros del pueblo, los habitantes se comenzaron a trasladar hacia San Carlos y Rocha. Actualmente existe un destacamento policial, la Junta local, una policlínica, la iglesia, una escuela, y los adolescentes que asisten al colegio en San Carlos son trasladados por una camioneta de la zona.

Sin embargo, este recóndito pueblo fue noticia en el prestigioso periódico estadounidense Wall Street Journal, que recomendó el restorán de Mallmann. «El Garzón, en el interior de Uruguay, tiene calles de tierra, perros callejeros y ravioles de 48 dólares», es el encabezado de la crítica gastronómica publicada. «Vaya hasta Miami. Tome un vuelo de nueve horas hacia Montevideo, métase en un automóvil y conduzca 200 kilómetros a través del campo hasta llegar a Garzón. Después deberá conducir unos 15 minutos sobre calles de tierra sin señales, flanqueadas a ambos lados por vacas pastando», señala. El propio Mallmann reconoce que «algunas personas vienen, ven el pueblo y dicen: ¿qué demonios es esto?, me voy ya mismo», aunque aclara que hay un pequeño grupo de personas adineradas como él, que se enamora del lugar y se quiere quedar para siempre...

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