21 de abril 2009 - 00:00

Gobierno enfrenta el sino de descontrol en Diputados

Agustín Rossi y Rafael Pascual.
Agustín Rossi y Rafael Pascual.
La elecciones del 28 de junio no serán sólo una prueba para el Gobierno en las provincias, sino también en el bloque oficialista, que está al borde de quedarse sin conducción. Hasta ahora el santafesino Agustín Rossi manejó la bancada haciendo equilibrio entre los diputados ultrakirchneristas y el ala moderada. Sus esfuerzos no siempre tuvieron buen resultado: consiguió aprobarle a la Casa Rosada las leyes más complicadas que enviaron los Kirchner, pero no logró mantener la unidad total del bloque durante la guerra por la Resolución 125.
Con todo, ahora no será fácil encontrarle un reemplazo si no consigue renovar su banca por Santa Fe en las próximas elecciones. Pero aunque lo consiga, el desgaste a que lo sometieron los Kirchner restándole apoyo y exigiéndole que resigne su candidatura para no complicarse el horizonte con Carlos Reutemann (que tampoco le garantiza lealtad al matrimonio presidencial), hace difícil pensar en una continuidad de Rossi en la cabeza de la bancada más allá del 10 de diciembre.
Reedición
La pelea no será fácil para Rossi en su provincia. No hubo interna en Santa Fe para elegir cargos, por lo que el peronismo reeditó los neolemas para conseguir que dos peronistas lleguen a las elecciones. Pero para renovar su banca, Rossi necesitará sumar casi el 10% de los votos. Difícil con un electorado que al entrar al cuarto oscuro se encontrará con la boleta del socialista Rubén Giustiniani, la de Reutemann y la de Rossi como diputado, que aún no tiene definición en el rubro senadores.
La situación recuerda a la que sufrió el radical porteño Rafael Pascual en 2001, cuando vencía su banca y debía renovarla para seguir siendo presidente de la Cámara de Diputados.
En medio de la crisis que vivía el Gobierno de la Alianza, las elecciones legislativas de ese año presagiaban desde meses antes de los comicios noticias nefastas para el Gobierno.
En ese ambiente, Pascual fue a internas en la Capital Federal para elegir candidatos a diputados. Frente al delarruismo presentaron listas Rodolfo Terragno, Jesús Rodríguez y un sector del alfonsinismo. Y ganaron la elección.
La derrota, según la carta orgánica del radicalismo que exige lograr el 50% de los votos en la interna para poder reelegir cargos públicos, le vetó el ingreso a Pascual al Congreso.
Es cierto que hubo luego intentos para salvar esa situación. De hecho, hasta el propio Jesús Rodríguez, vencedor en la elección, terció para que Pascual pudiera acceder a la candidatura. Pero Fernando de la Rúa en ningún momento, como era su estilo, se jugó por quien fue su presidente en la Cámara de Diputados durante los dos duros años de su gobierno.
La experiencia, de todas formas, terminó peor de lo que podía pensar cualquier radical. Pascual no volvió a presidir la Cámara de Diputados no sólo por los impedimentos de la carta orgánica partidaria o la desidia de De la Rúa: en diciembre de 2001, en un acto sin precedentes, Eduardo Camaño, un peronista, asumía la presidencia de Diputados. Por primera vez en la historia, la oposición al Gobierno le arrebataba al presidente de la Nación el control de Diputados. No se esperan, ahora, similitudes con ese episodio, pero deberá el Gobierno definir cómo continuará la conducción del bloque oficialista si no quiere que el control termine también en manos de oficialistas como José María Díaz Bancalari o Graciela Camaño, que aún están lejos de representar a los grupos del kirchnerismo de paladar negro.

Dejá tu comentario