29 de septiembre 2009 - 00:00

Golpistas hondureños cerraron los últimos medios disidentes

Una partidaria de Manuel Zelaya se manifiesta en las afueras de la universidad pedagógica de Tegucigalpa, delante de una barricada de policías. Roberto Micheletti admitió anoche que podría dar marcha atrás al virtual estado de sitio que rige desde el domingo.
Una partidaria de Manuel Zelaya se manifiesta en las afueras de la universidad pedagógica de Tegucigalpa, delante de una barricada de policías. Roberto Micheletti admitió anoche que podría dar marcha atrás al virtual estado de sitio que rige desde el domingo.
Tegucigalpa - Tras la declaración de suspensión por 45 días de libertades y garantías constitucionales en Honduras, dada a conocer el domingo a la noche, el régimen golpista dispuso ayer la clausura del Canal 36 y de Radio Globo, los únicos medios audiovisuales de Tegucigalpa que difundían información contraria al Gobierno de facto.

La declaración del estado de sitio virtual provocó un quiebre en el frente interno del régimen luego de que representantes de las cuatro bancadas legislativas, incluido el titular del Congreso, exigieron al presidente de facto Roberto Micheletti, que derogara el decreto respectivo (ver aparte).

Micheletti argumentó que el decreto le da poderes al Estado para suspender los medios de comunicación que «amenacen la estabilidad» y suspender todo tipo de manifestación que no haya sido avalada por las autoridades.

En ese orden, soldados en uniforme de campaña asaltaron al amanecer Radio Globo y el canal de televisión Cholusat Sur. «Estaban incitando a la violencia, a la guerrilla y a un montón de cosas que nos tenían superpreocupados», justificó Micheletti.

El propietario de Radio Globo, Alejandro Villatro, indicó que la emisora fue intervenida a las 5.20, hora local, por militares y policías que tomaron las instalaciones, según narró, «igual a cuando entraron el día 28 de junio», fecha del golpe de Estado. Las edificios del canal 36 y de Radio Globo permanecían rodeados por las fuerzas de seguridad.

Tras el golpe de Estado, ambos habían sido prácticamente los únicos medios hondureños en difundir en directo entrevistas y comparecencias de Zelaya durante su periplo en el extranjero y, a partir del lunes pasado, desde la Embajada de Brasil, donde apareció ese día luego de ingresar clandestinamente en el país. También fueron los que informaron sobre el retorno de Zelaya, por lo que Micheletti los acusó de ejercer «terrorismo mediático».

Pocas horas después, la Policía de Honduras impidió una marcha de seguidores de Zelaya, que se dirigían hacia la embajada brasileña. Unos 200 agentes antimotines estaban apostados en las inmediaciones, con escudos, palos y latas plateadas de bombas lacrimógenas colgadas en sus arneses.

Estas acciones incrementaron el malestar de los países que pugnan por la resolución de la crisis, especialmente de Brasil, cuya embajada está siendo hostigada desde hace ocho días.

El canciller Celso Amorim afirmó ayer que hay «un estado de sordera» de parte del Gobierno de facto de Honduras en relación con los pedidos de la comunidad internacional.

El régimen dio el domingo un plazo de diez días para que Brasil resuelva y defina la situación de Zelaya, que se encuentra instalado en la embajada en calidad de «huésped» desde hace una semana. La cancillería del Gobierno de facto advirtió, además, que de no cumplir con esas condiciones en ese plazo, la sede será despojada de su estatus diplomático y pasará a ser una oficina particular.

El ministro reiteró que Brasil fue tomado por sorpresa por la llegada del mandatario depuesto a su embajada y que, por «una situación que no creó, prácticamente se convirtió en el guardián de un presidente democrático y legítimo de un país», como la OEA, la ONU y toda la comunidad internacional reconocen a Zelaya.

«Sería muy fácil simplemente retirar a los dos diplomáticos que están allá y el problema de seguridad de Brasil terminaría», pero «no se puede hacer eso, porque sería un gesto de cobardía, de falta de respeto a la propia democracia, y un incentivo a otros golpes de Estado en el continente», apuntó Amorim.

El ministro informó que ayer conversó telefónicamente con los secretarios generales de la OEA, José Miguel Insulza, y de la ONU, Ban Ki-moon, así como con la secretaria de Estado norteamericana, Hillary Clinton.

Afirmó que en los tres casos manifestó las preocupaciones del Gobierno de Brasil, incluso en relación con la «seguridad» en la sede diplomática en Tegucigalpa, y que hubo una «absoluta concordancia» y apoyo al papel que está cumpliendo el Gobierno brasileño. «Tenemos que seguir dando protección a un presidente democrático, independientemente de cuáles sean sus tendencias políticas», apuntó.

Amorim también insistió en que la ONU debería tener un papel más activo en la crisis hondureña. «Defendemos el papel de la OEA como interlocutor político, pero el no recibir a una misión precursora de ese organismo fue una verdadera bofetada a la comunidad internacional y una percepción totalmente equivocada de quienes ejercen el poder» en Honduras, dijo.

En respuesta a estas declaraciones, Micheletti mandó ayer un «fuerte abrazo» al jefe de Estado de Brasil, Luiz Inácio Lula da Silva. «Quiero enviarle a Lula da Silva un fuerte abrazo con el cariño y con el respeto que siempre les tenemos a todos los países del mundo; y que no se preocupe, que jamás nuestra Policía o nuestro Ejército van a introducirse a la fuerza en sus dominios, en sus terrenos, en su propiedad», dijo Micheletti en una conferencia de prensa.

Agencias EFE, AFP, Reuters, ANSA y DPA