17 de octubre 2016 - 00:00

Gómez y una poesía visual que conmueve

Norberto Gómez. Aunque el artista evita lo simbólico, se reconocen algunas de sus referencias.
Norberto Gómez. Aunque el artista evita lo simbólico, se reconocen algunas de sus referencias.
Norberto Gómez es un extraordinario artista nacido en 1941 que siempre ha tenido la virtud de conmover con sus esculturas que calaron hondo, inolvidables por su denuncia contra la tortura, su serie de las armas, lo grotesco del poder a través de figuras humanas y aves de rapiña, la parodia sobre los monumentos tan cara a los argentinos. Las obras parecen realizadas en hierro u otros metales; sin embargo, usó el yeso, el cartón policromado endurecido con cola vinílica y la tóxica resina poliéster para mostrar los revulsivos despojos humanos de los años de la dictadura, los osarios, las yeserías góticas, siempre perturbando la mirada; los pórticos que simulaban fachadas con ornatos de impecable ejecución, los dibujos de 2006/7 de blancura marmórea con sutiles juegos de luz y sombra, y hasta una serie de 2012/3 que parecen fotografías pero que son dibujos 3D. Todos estos materiales livianos adquirieron pregnancia y contundencia a través de un oficio que fue adquiriendo, según confiesa, trabajando para otros artistas; por ejemplo, Le Parc o Berni en París, o pintando carteles para el Museo de Bellas Artes, además del arte de la madera aprendido junto a su padre, destacado ebanista.

Es fascinante leer en el catálogo de su actual exposición individual en Bellas Artes los extractos de una charla en que hace un repaso de su tarea artística, su pensamiento acerca del arte y el mercado: "nunca hice obras pensando en el mercado, las de poliéster se vendieron 25 años después de que fueron hechas." También de lo que le sucede actualmente, a sus 75 años, porque aunque reivindique el oficio también apela a la tecnología. Gómez no se queda en las obras que tanto conmueven. El excelente montaje permite un recorrido en el que se encuentra su recreación de obras de los 60, que se perdieron o destruyeron, y que gracias a la tecnología pudo reconstruir.

Realizadas en madera con 16 capas de pintura, están asociadas al cinetismo tan influyente en esa década pero que Gómez realizó con materiales austeros, diferentes del acero, los acrílicos, micromotores, y efectos lumínicos propios del GRAV (Groupe de Recherche d'Art Visuel). Eran estructuras primarias, secuencias que se combinan e intersectan, juegos de elementos en escala de mayor a menor, el contraste del blanco y del negro. Las obras recientes, realizadas 40 años después, puro cartón y pintura, de un blanco purísimo que ilumina la sala y, aunque se quiera negarles toda representatividad, los que hayan seguido su trayectoria verán alusiones a cruces, custodias, monumentos, letras. (Bellas Artes. Av del Libertador 1473. Martes a viernes de 11 a 20. Sábados y domingos de 10 a 20. Entrada gratuita. Clausura el 23 de Diciembre).

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