15 de julio 2010 - 00:00

Gozosa obra que a Puig le hubiera encantado

Natalia Oreiro está estupenda en «Miss Tacuarembó», historia de una niña soñadora de los 80 que choca de grande con la realidad.
Natalia Oreiro está estupenda en «Miss Tacuarembó», historia de una niña soñadora de los 80 que choca de grande con la realidad.
«Miss Tacuarembó. Algún día el futuro será nuestro» (Ur.- Esp.- Arg., 2010, habl. en español). Guión y dir.: M. Sastre. Int.: N. Oreiro, S. Silvera, M. Pascual, R. de Palma, M. Amigorena, G. Borges, D. Reinhold, M. Capo, J. Rodríguez, A. Tous, M. y J. Petriella, E. y M. Pratto, L. Courtoisie, B. Bakst, M. Villa, L. dArenberg.

Gozosa unión de colorida comedia musical, pintura de pueblo con chicos que sueñan conocer mundo y recrean las fantasías del cine, cuento infantil con mala malísima que encima tiene dos hijas gemelas rubias bien malas, sátira sobre la crueldad de los reality televisivos, melodrama de la jovencita pobre que en mal momento descubre su origen «vergonzante» pero luego lo termina superando, grata evocación de los éxitos de la cultura masiva de los 80, animosa burla del fanatismo y el comercio religioso, humorada medianamente inocente de la propia figura de Cristo (desagradará a las beatas apenas se enteren, pero divertirá irremisiblemente a muy buena cantidad de curas y monjas), ésta es una de esas películas que dan ganas de contarla entera, pero conviene contar lo mínimo, porque es todo un vaivén de sorpresas e ironías realmente muy bien armado y presentado.

Digamos, eso sí, que Natalia Oreiro está maravillosa con todo su despliegue de canciones y expresiones (deslumbramiento, picardía, decepción, etc.) y que sólo ella puede lucir un vestido de adolescente como el que luce en un momento clave. Que su paisano Martín Sastre, talentoso tiro al aire conocido por sus homenajes paródicos a Isabel Sarli, Lady Di y Hello Kitty, debuta como director de cine con una mano excelente. La novela original en que se basa (de otro talento oriental, Dani Umpi, nacido Daniel Umpiérrez) ha sido, digamos, suavizada pero no traicionada, eliminando las aristas desagradables del personaje. Está todo cuidado hasta el mínimo detalle en lo visual, pero, en cierto sentido, es una lástima que no termine en un absoluto climax, si bien vemos que la soñadora logra llegar a las colinas de Hollywood. Hay momentos antológicos, como la aparición de Jeannette Rodríguez, el choque de miradas entre Oreiro y Graciela Borges, la nena Sofía Silvera, muy natural, toda una promesa, o el paseo por el Cristo Park con la basílica de Luján al fondo, mucho mejor que Tierra Santa. Que gustará a niños, adolescentes, madres y gays con nostalgia de los 80, y a los enamorados de Oreiro, por supuesto. Y que a Manuel Puig le hubiera encantado (y que también en cine este mes los uruguayos nos terminaron superando).

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