Gran elenco anima impiadosa disección de una familia

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«Love, love, love» de Mike Bartlett. Versión, Dir y Esc.: C. Rivas. Int.: G. TosF.Vena y elenco. Ilum.: G. CórVest.: R.Schussheim. (Multiteatro).

Un par de irresponsables, que se enamoran en 1967 entre consignas de amor y paz y efluvios de marihuana, protagonizan un trepidante recorrido de cuatro décadas. En ese lapso, prosperan económicamente, crían dos hijos (con absoluto descuido) y se retiran de la actividad laboral, bien respaldados y más hedonistas que nunca.

En esta feroz comedia negra del joven dramaturgo inglés Mike Bartlett (Oxford, 1980), todos los dardos apuntan a la generación que simpatizó con Margaret Thatcher e ignoró todo compromiso social para llenarse los bolsillos sin pensar en el futuro. Los costos de tanta displicencia los pagaron sus descendientes, según señala Barlett en el tercer acto a través de Rosi (Vanesa González), la hija mayor, que enfrenta a sus padres con una lluvia de reproches. Pero su madre responde desde su irreductible narcisismo: «¿Por qué nos hiciste caso? Eramos tus padres. Se suponía que tenías que rebelarte».

Las alusiones políticas recién aparecen sobre el final, ya que la obra se centra básicamente en la construcción de caracteres, diálogos mordaces y enfrentamientos explosivos (sobre todo entre Sandra y Dani, los falsos hippies del Flower Power devenidos yuppies alcohólicos).

No hay como los autores británicos -sobran ejemplos, en cine teatro y televisión- en el arte de diseccionar a la institución familiar con tanta gracia e impiedad. Pero aunque se trate de una familia disfuncional muy «british», las referencias localistas han pasado a un segundo plano. La puesta de Carlos Rivas permite que los excesos y la lógica disparatada de esta pareja lleguen al espectador como un interrogante acerca de sus propias responsabilidades.

La acción transcurre en tres épocas bien diferenciadas (juventud, madurez y vejez de los protagonistas), lo cual convierte a la pieza en una suerte de trilogía, además de un gran desafío para cualquier director. De acuerdo a los resultados obtenidos, «Love, love, love» se ubica entre los mejores trabajos de Rivas (al igual que «La prueba»).

Las relaciones vinculares, el implacable paso del tiempo, la maraña de sentimientos y emociones que atraviesan toda la obra parecen cobrar vida gracias al valioso compromiso de todo el elenco y al gran desempeño de sus protagonistas. Fabián Vena deleita con su indolente Dani, aun cuando éste traicione a su hermano y luego haga estragos con sus hijos confundiendo desidia con permisividad. En el rol de Sandra -el más agradecido de la pieza-, Gabriela Toscano logra un admirable «tour de force» en sus múltiples facetas. Su Sandra es una depredadora que asusta, seduce y divierte.

Sin otra pretensión que cautivar al público con su intensidad, verdad dramática y comicidad, «Love, love, love» es uno de los espectáculos más interesantes del circuito comercial.

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