En los últimos dos meses, prácticamente todos los jueves enfrentando el mismo dilema: la sesión del viernes determina si el mercado bursátil finaliza la semana del lado ganador o el perdedor. Más allá de los resultados lo que esto evidencia es un mercado débil, sin demasiada convicción ni ganas de tomar posiciones. Dado el 0,38% que acumula de suba el Dow en las últimas tres ruedas (ayer retrocedió un 0,49% a 12.050 puntos) puede que no haga falta mucho para anotar una segunda semana consecutiva de suba, pero nada está seguro. Ayer, ya en el premercado la baja de las Bolsas europeas (golpeadas tras la alarma del presidente del BCE por la fragilidad del sistema financiero del Viejo Continente) y el incremento en el número de personas aplicando al seguro de desempleo, golpeaban a las acciones. Cuando algo más tarde la IEA anunció que sus integrantes abrirán sus reservas estratégicas para cubrir los faltantes libios esto derribó el precio del petróleo a u$s 92,19 por barril, disparó un reflujo hacia el dólar, llevó la tasa de 10 años al mínimo desde fines de noviembre y consolidó, aunque no profundizó mucho, la merma de las acciones. No sorprende entonces que en lo peor de la jornada, poco antes de las 11 AM, las blue chips llegaran a perder el 1,94%. De ahí en más y a pesar de la fortaleza de los papeles tecnológicos (el NASDAQ ganó el 0,66%) nada importante sucedió hasta casi la última hora de operaciones. Por ese entonces comenzó a circular la noticia que el Gobierno griego habría acordado con la UE y el FMI un plan de austeridad a cinco años, lo que disparó la clásica cobertura de posiciones vendidas y el consiguiente rally de las acciones. Sinceramente cuesta apostarle a una jornada como la de ayer, máxime cuando a tan sólo 38 días del default, demócratas y republicanos suspendieron la discusión por el presupuesto y la extensión del permiso de emisión del Tesoro.
El contenido al que quiere acceder es exclusivo para suscriptores.
Dejá tu comentario