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Grippo, un renovador consciente de lo que debe ser conservado
«Mesas de trabajo y reflexión», instalación que Víctor Grippo presentó en la Bienal de La Habana, 1994,
exaltación de los elementos cotidianos y homenaje a los oficios manuales.
En trabajos posteriores, Grippo rescató antiguas manualidades: «Algunos oficios» fue un homenaje al herrero, el albañil, el agricultor y el carpintero. En «Tabla», una sencilla mesa de madera, gastada por el uso, continuó la recuperación de los elementos del vivir cotidiano. «Vida, muerte, resurrección», a comienzos de los 80, remitía al tema de la incesante generación y regeneración de los elementos naturales y los seres humanos. «Cercando la luce» (En busca de la luz), 1989 reunió siete obras en yeso referidas al paso del tiempo y las edades, los credos religiosos, la posibilidad y el anhelo de conciliación entre hombre y naturaleza. Además, inició su serie de las Cajas, donde atesoró rosas de plomo y ocasionalmente otros objetos, con pasión de alquimista, que concluyó a fines de la década del 80.
En los años 90, Grippo continuó la serie «Equilibrios», e inició la serie «Desequilibrios», dos discursos paralelos y complementarios sobre el antiguo dilema entre razón y sensibilidad. Presentó también la instalación «La comida del artista», con significaciones estético-culturales, sociales y éticas, que expuso con el grupo en Tokio.
«Sin pensarlo, fui articulando algunos símbolos: los alimentos del hombre, la energía y la rosa, los desequilibrios y las consecuentes transformaciones, para contribuir en algo al fuego renovador que no siempre significa cambio, si no hay conciencia de lo conservable». Esta observación de Víctor Grippo, expresa el sentido de su obra.
En «Mesas de trabajo y reflexión», instalación que presentó en la Bienal de La Habana en 1994, profundizó las reflexiones esbozadas en su obra anterior «Tabla». Realizó un auténtico homenaje a los albañiles que «cantan haciendo la casa de los otros». En 1995, expuso en el Palais des Beaux-Arts de Bruselas y en la Ikon Gallery de Birmingham. Años más tarde (1999-2000), participó en las muestras itinerantes «Cantos paralelos» (Austin, Phoenix, Bogotá), y en «Global Conceptualism: Points of Origin 1950-80» (Nueva York, Minneapolis, Miami). Entre las últimas muestras en que intervino, expuso en el Museo Reina Sofía de Madrid y en el Museo de Arte Moderno de la Ville de París. La invitación más importante fue para la Documenta de Kassel, la muestra más importante del mundo occidental. Grippo llegó a aceptarla pero no a disfrutarla en vida. La montó su mujer.
La fecunda producción de Grippo, que reivindicó las leyes de la naturaleza, los alimentos, los oficios, postuló que «América Latina ha de buscarse a sí misma en su cultura y sus propios hábitos, si desea existir en plenitud».
Grippo no se opuso a los avances y los descubrimientos, pero creyó que el progreso no debía realizarse a expensas de la naturaleza ni del hombre, y que la cultura necesita obrar como una fuerza integradora, como un diálogo permanente. El curso de la vida humana está ligado a la Naturaleza y Grippo propuso ahondar esa relación. La ciencia y el arte deben aliarse con tal fin, uniendo la verdad del conocimiento a la verdad de la imaginación, la maestría del investigador a la maestría del inventor.
Amor a los oficios en un mundo de máquinas, amor a la humanidad en un mundo alienado, amor a los objetos cotidianos en un mundo de simulacros, amor a las pequeñas cosas en un mundo de monumentalidades, amor a los procesos naturales en un mundo rebosante de artificios, amor a la vida en un mundo de violencia y muerte, amor a la ciencia como aproximación al misterio y al arte como dador de luz, en un mundo donde las utopías casi han desaparecido.


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