10 de septiembre 2014 - 00:28

Grupo Vocal de Difusión: sólido inicio y final apático

Tras una primera parte de gran solidez musical, la agrupación que dirige Mariano Moruja brindó una prolija y también rutinaria versión del “Gloria” RV 589 de Antonio Vivaldi.
Tras una primera parte de gran solidez musical, la agrupación que dirige Mariano Moruja brindó una prolija y también rutinaria versión del “Gloria” RV 589 de Antonio Vivaldi.
" De antiguos y modernos", concierto del Grupo Vocal de Difusión. Solistas: J. Livieri (soprano) y C. Arellano (mezzo). Ensamble instrumental. Dir.: M. Moruja. Obras de Z. Randall Stroope, E. Withacre, J. Mantyjarvi, A. Part y A. Vivaldi (Festivales Musicales, Teatro Colón, 8 de septiembre).

Desde 1988 Mariano Moruja ha hecho de su Grupo Vocal de Difusión un instrumento privilegiado tanto por la solidez individual de sus miembros como por sus características como ensamble: notable empaste, balance, afinación impecable, sonido timbrado y redondo en todas las cuerdas, etcétera. Este instrumento permite a Moruja abordar con comodidad aquello para lo que este coro fue concebido y en lo que ha sabido brillar desde siempre: el repertorio coral de los siglos XX y XXI.

Convocado para el ciclo de Festivales Musicales de Buenos Aires, el GVD abordó en esta oportunidad partituras de su ámbito de acción pero también, como final del concierto, el "Gloria" RV 589 de Antonio Vivaldi. La propuesta hacía esperar (o permitía suponer) que la guía y la mirada de Moruja arrojaran algo de atractivo sobre esta obra tan desgastada, que se presentó precedida por el "Kyrie" y "Gloria" de la "Misa Berlinesa" del estonio Arvo Part.

Lamentablemente no fue así. Contando también con un ensamble instrumental muy ajustado y eficiente (en el que se destacaron Pablo Bercellini, Néstor Garrote, Fernando Ciancio y Matías Targhetta), Moruja dejó pasar la oportunidad de brindar un punto de vista estimulante y su interpretación resultó muy prolija pero también rutinaria, pesada en tempi y articulación, sin búsquedas dinámicas ni al parecer de ninguna otra índole.

Como solistas actuaron las rosarinas Jaquelina Livieri (soprano) y Cecilia Arellano (mezzo); mientras la primera desplegó sus amplios recursos técnicos y vocales con fluidez, bella línea y musicalidad, la segunda mostró falencias de emisión y un volumen tenue.

Lo mejor estuvo indudablemente en la primera parte del programa, en tres obras de grandes (y diversas) problemáticas de ejecución y de un contenido espiritual que les brindó cohesión temática con la segunda parte. "We beheld once again the stars", de Z. Randal Stroope, una increíblemente bella visión del "Inferno" dantesco, constituyó un no-table comienzo. Le siguió "When David heard" del muy difundido Eric Withacre, obra extensa con numerosas dificultades abordada por Moruja y su grupo con profundidad, concentración y gran solidez musical; se destacó aquí el solo del tenor Horacio Badano. Dando fin a esta primera parte también impactó el "Canticum calamitatis maritimae" del finlandés Jaakko Mantyjarvi, una nueva demostración del despliegue de energía sonora y musical del que el GVD es capaz, muy lejano de la apatía con la que cerró este concierto.

Dejá tu comentario