25 de febrero 2011 - 00:00

Guerra oficial contra Cobos por la Asamblea

Este año, la Asamblea Legislativa empieza con una pelea para quitarle a Cobos el control de esa sesión del martes. Cristina de Kirchner dará el último mensaje sobre el estado de la Nación de este período presidencial ante dicha asamblea. Julio Cobos también se despedirá: será, al menos como binomio presidencial, la última vez que deberán verse la cara sentados uno junto al otro en el estrado del recinto de Diputados.

Quizá por el nerviosismo que eso impone a la organización del protocolo o por la tensión que genera en el Congreso el no saber si Cristina de Kirchner anunciará el envío de algún proyecto de ley o se limitará a lanzar la reforma en el régimen de emisión de pasaportes y el resto lo dejará para decidir por decreto, es que algunas costumbres históricas comenzaron a cambiar en esta ocasión.

Sólo así se entiende la desesperación de Eduardo Fellner, por ejemplo, por tomar el control de la Asamblea Legislativa hasta en cuestiones mínimas.

Desató así, por ejemplo, una guerra de confusiones por la acreditación de los periodistas que cubren la Asamblea Legislativa. Anoche todavía volaban los mails para identificar dónde debían retirarse las nuevas credenciales para escuchar a la Presidente.

La realidad es que tanto esa tarea como la organización de toda la Asamblea corrió por cuenta del Senado, mientras desde Diputados intentaban arrebatarle el poder para acreditar a los cronistas.

Protocolo

De hecho, hay un dato básico que sustenta la costumbre histórica: el presidente del Senado es quien comanda la Asamblea y lleva adelante la sesión. Por lo tanto, es quien debe organizarla. Hay un aspecto en el que, por protocolo, el kirchnerismo no pudo avanzar: las invitaciones al cuerpo diplomático y al resto del Gobierno, que es imposible quitárselas a la administración del Senado, que tiene todo el sistema organizado para girarlas.

Como en este caso estamos hablando también de una despedida de Julio Cobos, el oficialismo organizó un comedia de enredos quizás temiendo que el vicepresidente quisiera estropearle a Cristina de Kirchner su última visita al Congreso; un temor totalmente infundado ya que hasta en el peor momento de la relación entre ambos, Cobos mantuvo frente a la Presidente la compostura de un señor inglés.

Lo cierto es que el mendocino tampoco está en condiciones de defenderse cuando debe enfrentar al mismo tiempo la interna de su partido.

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