Ejemplo. La Ciudad difundió fotos con ejemplos de violaciones al uso del espacio público. Esta vez le tocó a Martín Lousteau en los contenedores.
El Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires lanzó la semana pasada una advertencia sobre el uso del espacio público para las pegatinas realizadas por partidos políticos en campaña.
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"Es necesario que todos los partidos políticos, candidatos y votantes nos comprometamos y acordemos cuidar juntos el espacio público de la Ciudad. Pintar paredes, pegar afiches y ocupar los espacios de uso común no es propaganda política: es ilegalidad", dijo Eduardo Macchiavelli, ministro de la cartera porteña.
El pedido viene con un cálculo de costo incluido: la Ciudad invierte más de $14 millones por mes en limpiar intervenciones en el espacio público. Eso comprende la limpieza de grafitis en frentes, despegue de pegatinas en paredes y mobiliario urbano, retiro de pancartas y pasacalles y reparación de monumentos amputados o escritos con aerosol. En épocas de elecciones estos números aumentan exponencialmente.
La Auditoría General de la Ciudad dio a conocer que en las elecciones 2015, la propaganda gráfica representó el 21% de la declaración de gastos de las agrupaciones políticas. Es decir que un cuarto del dinero de campaña se utilizó en soporte físico.
En línea con esta postura, a principios de junio se desarrolló el seminario "Compromiso Ciudad Limpia", una jornada con especialistas sobre experiencias nacionales e internacionales de campañas electorales responsables en la vía pública.
"Las pintadas o los diferentes tipos de vandalismo sean o no proselitistas lo único que consiguen es ensuciar y maltratar lo que es de todos los que vivimos, trabajamos y paseamos por Buenos Aires, queremos una ciudad limpia", sostuvo Macchiavelli.
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