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“Hace falta una vida para escribir una novela así”
Pérez-Reverte: “En el fondo, quise mostrar cómo el tiempo nos va despojando de ideas y de sueños tanto como en lo físico de belleza y lozanía, y también cómo se ve el amor, el sexo, la lealtad con el paso de los años”.
Periodista: Esta novela suya tiene poco que ver con las anteriores.
Arturo Pérez-Reverte: No quería contar cosas que ya he contado. Soy un escritor profesional, no un artista de la literatura. Cuento historias de forma eficaz. En eso he sido consecuente. Esta novela requería una estructura compleja porque recorre diversas épocas y los personajes van evolucionando. Quise, en el fondo, mostrar cómo el tiempo nos va despojando de ideas y de sueños tanto como en lo físico de belleza y lozanía, y también cómo se ve el amor, el sexo, la lealtad con el paso de los años. Eso requería una estructura muy intrincada que pasé mucho tiempo preparándola.
P: ¿Es por eso que le llevó 22 años escribirla?
A.P.R,: La empecé a escribir en los años 90, a los 39 años, y me di cuenta de que algo no funcionaba. La dejé para escribir "El club Dumas". Ahora me he dado cuenta de que lo que había pasado es que hace falta una vida para escribir una novela así. Necesitaba pasar la prueba al sentimiento de verme enfrentado a rostros y cuerpos que hace 30 o 40 años amé o me amaron.
P.: El más recio de los escritores actuales de aventuras, el reportero de guerra, el Hemingway de los españoles, con ésta novela romántica ...
A.P.R.: ¿Se amaricona? [Se ríe]. En mis novelas, aunque han sido siempre de aventuras, ha estado el amor, pero al pasar, nunca como centro. Y yo quería contar íntegramente una historia de amor de verdad. En "El tango de la guardia vieja" la aventura, la delincuencia, el espionaje, la guerra, la competencia de ajedrez son el telón de fondo de una pasión carnal. En fin, la historia tiene un montón de niveles como se dice de una manera estúpida.
P.: Hay un tono aristocrático en su novela, que no tenían anteriores como "La reina del sur" o "La carta esférica".
A.P.R.: Es que en "El tango de la guardia vieja" se concitan muchas cosas, hasta familiares. Mi padre era un chico de la buena sociedad de Cartagena. Igual que para mí el rock fue la música de mi época, para él fue el tango. Era un tipo apuesto, gustaba mucho a las mujeres. Y bailaba muy bien el tango. Y un tipo guapo que bailaba bien el tango en los años veintitantos tenía un triunfo social arrasador. Muchos de los recuerdos de mi padre hablándome del tango, silbando tangos, citando letras al pasar, colaboraron en lo que ahora quería contar.
P.: ¿Se ha vuelto amante de esta ciudad como Serrat o Sabina?
A.P.R.: Para escribir me vine a Buenos Aires, anduve por Barracas buscando la cuna de Max Costa. Yendo a milongas donde sólo va la gente del barrio. Ese proceso de documentación me ha permitido desarrollar mi amor por Buenos Aires. Me fue muy útil conocer a la hija de Enrique Puccia, el cronista oficial de Barracas, que tenía la edad de mi personaje. Sus memorias me permitieron reconstruir el Barracas de la inmigración, de los años 20. Es allí donde el inmigrante español padre de Max fracasa en su hacerse la América, y se vuelve a España con su hijo argentino. Ese Max Costa, engominado y lustroso, buscavida y canallita, vestido siempre para impresionar, se convierte en bailarin de cruceros que entretiene a las viajeras sacándolas a bailar, y si es posible dinero y joyas. Max no sospecha lo que ocurrirá cuando se enfrente a una dama de ojos de miel.
P.: Ese bailarín y esa situación le permiten instalar el tango como apremiante banda sonora de su novela.
A.P.-R.: El tango siempre me interesó mucho. Es la manera danzante de manifestar el sexo entre un hombre y una mujer que están vestidos. Aparentemente es el hombre quien dirige, pero en realidad es la mujer la que está tejiendo en torno a él su telaraña de seducción. Es como en el ajedrez que el rey sólo se mueve un paso en cada dirección, y la reina es la poderosa. El tango es la mujer, sin la mujer el tango no tiene razón de ser. Ella produce una coreografía espectacular.
P.: Esa mujer casada con un eximio compositor tarda en entregarse a Max, pero cuando lo hace es de forma perturbadora. ¿Cómó manejó las escenas de sexo explícito?
A.P.R.: Son escenas de sexo más bien turbio, con lados muy oscuros, y eso era muy peligroso. Tenía mucho miedo de hasta dónde llegar. Me preguntaba cómo iba a poder resolverlo. Narrar un encuentro sexual es como jugar al Siete y Medio, si te quedas corto eres mojigato, si te pasas, procaz. Y tenía que contar escenas complejas como la del burdel o la de la pensión en Niza. Y que eso sea asumido por todos los públicos de manera natural. Que no fuera vulgar, me llevó mucho tiempo. Tuve que pensar mucho, trabajar mucho. Describir esas escenas fue un desafío técnico, pero en la vida todo es técnica.
P.: Es que su público es amplísimo y va del lector adolescente por sus libros de aventuras, de la saga del capitán Alatriste, al seguidor adultos de sus novelas históricas o de enigma.
A.R.P.: Tengo que moverme en registros muy amplios para que todos puedan encontrar lo que quieren. Tengo lectores a los que no puedo asustar ni escandalizar pero tengo otros a los que no puedo decepcionar o que piensen que los trato de gilipollas. Y no podía caer en las clásicas elipsis cuando todos están esperando la carnalidad más plena. En esos casos la propia memoria sirve para no tener que inventar nada.
P.: ¿Esa memoria le ha hecho posible contar de las zonas oscuras de la mujer?
A.P.R.: Hay que tener experiencia de vida para saber de las zonas oscuras de la mujer. Todos los seres humanos los tenemos, pero la mujer, por razones educativas, biológícas, sociales, históricas, tuvo que relegarlas a un desván porque era una vergüenza que los tuviese. Pero cuando una mujer descubre su lado oscuro, y se mete por él, es fascinante porque no sabe adónde la va a llevar, porque la mujer es mucho más valiente que el hombre, tiene mucha más imaginación. Es más poderosa moralmente que el hombre. Y ese camino puede llevarla a lugares insospechados, a cambiar su manera de ver el mundo. Un hombre puede asistir a situaciones absolutamente asombrosas por parte de una mujer que descubre su propia sexualidad, sus rincones oscuros. Y no se trata de que se vuelva una puta, una señora puede susurrar provocaciones en el sexo, dejar caer las palabras obscenamente explícitas sin dejar de ser una señora. o caer en la mierda esa de la "Cincuenta Sombras de Grey" que es mera pornografía barata. Yo hablo de verdad de impulsos turbios, de agresividad, de pasión carnal. No se trataba de desarrollar eso porque no era el objeto de mi novela, pero sí asomar al lector a los rincones oscuros de una mujer inteligente, refinada, con estabilidad emocional, madre de familia, que descubre que hay una parte de ella que está sin desarrollar y se pone a explorarla de una forma ni morbosa ni patológica sino serena. Y si bien no es que sea ésta una novela que apunta a las mujeres, sé que les atrae.
P.: Una de las partes de su novela tiene que ver con el robo de unos documentos en la Italia de Mussolini, ¿ahí vuelve a la novela histórica y trata de un hecho es real?
A.P.R.: Es real hasta un punto. El Conde Ciano, yerno de Mussolini y su ministro de Relaciones Exteriores, negoció con Franco el envío de aviones, eso es real. Si cobró o no cobró comisión eso no lo sé, lo invento. El negocio de los aviones se hizo. El millonario Juan March financió la operación. Es un episodio más del mundo narrativamente muy interesante de los años 30. La guerra a punto de estallar. La Costa Azul, un vivero de espías, con fugitivos de Rusia, de Alemania, el dinero corría sobre las mesas de Montecarlo. En alguna novela tenía que tocar todo eso. Estuve viviendo mucho tiempo en la Costa Azul. Escribiendo en Niza y en Sorrento. Ha sido una de las novelas que más he disfrutado en la fase de preparación.
P.: ¿No le propusieron llevar esta novela tambien al cine?
A.P.R.: Les dije: si teneis un presupuesto podría ser, pero si pensaís hacerla con cuatro duros me vais a joder la historia. Tiene muchos escenarios que deben ser esos a la fuerza. Está la reconstrucción de época. Sin ese glamour, sin ese mundo elegante, la historia no sería creíble. Sólo en esos escenarios es posible creerse esos personajes y esas maneras de actuar.
P.: ¿Qué está escribiendo ahora, otra del capitan Alatriste?
A.P.R.: No, tengo una novela nueva antes de dos de Alatriste que me quedan por hacer. Vuelvo a cambiar, es una trama policíaca actual, violenta, repleta de música y arte urbano. Me estoy divirtiendo mucho.
Entrevista de Máximo Soto


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