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Hada casi más buena que Sissi
Emily Blunt ha hecho cosas mejores que representar a «La joven Victoria» en un film anodino, superficial y lleno de anacronismos, que sólo salvan direccción de arte, escenografía y vestuario.
El director de producción Patrice Vermette. El director de arte Paul Inglis, ayudado por Chris Lowe y Alexandra Walker. La diseñadora de vestuario Sandy Powell. La escenógrafa Maggie Gray. Estos desconocidos del gran público, y hasta de mucha prensa especializada, son los verdaderos artistas que salvan este bodrio y lo convierten en algo agradable de ver.
La película en sí es anodina, apenas la superficial historia de la juventud de la reina Victoria de Inglaterra, desde su adolescencia en jaula dorada hasta su primer hijo, pasando por intrigas palaciegas superficialmente expuestas, coronación sin emoción, noviazgo insulso, casamiento insulso, príncipe consorte insulso pero cumplidor: tuvieron nueve hijos. Cuesta pensar cómo esa especie de adolescente típica de hoy (según la película) se convertiría casi de inmediato en la sabia, temible, represiva mujer al mando del imperio más grande del S. XIX. Porque acá no es más buena que Sissi pero poco le falta, y no se explica cómo, si llegó al trono tan carente de visión política, no se la comieron enseguida los albatros, por no hablar de los tories y demás especímenes de paladar negro.
En fin, Victoria es un hada buena británica (aunque a los pobres los ve de lejos y sólo de pasada menciona un plan de viviendas económicas), su enamorado un tipo de buen gusto y buena voluntad, la mamá una dominada por el asesor, éste una suerte de padrastro, el malo de la película, y la tal película una pavada
Protagonista, Emily Blunt, que ha hecho cosas mejores. Director, el canadiense Jean-Marc Vallée. Guionista Julian Fellowes, autor de novelas románticas, en cuyos ancestros figuran almirantes y damas de compañía. Locaciones, la abadía de Westminster y nueve castillos. Al respecto, dicen que la escena de la luna de miel se filmó en la misma cámara donde la auténtica reina descansaba en Leicestershire. Será por eso que las imágenes son tan victorianamente discretas.
Dos postdatas: a descubrir, Beatrice, hija de Sarah Ferguson, haciendo un cameo como dama de compañía. A confirmar, las quejas de los conocedores (el «Hello» todavía no se usaba, en los actos oficiales la reina no podía usar la primera persona del singular, sino la primera del plural, al príncipe nadie le acertó un tiro por proteger con su cuerpo a la esposa, etcétera).
P.S.


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