24 de septiembre 2010 - 00:00

Hay juegos online que son auténticos mundos virtuales

Los videojuegos online se han transformado en uno de los entretenimientos favoritos de millones de usuarios de Internet, al punto que, por ejemplo, FarmVille -un juego cuyo objetivo es llevar adelante una granja- se ha convertido en el más popular de red social Facebook, contando a la fecha con casi 82 millones de usuarios registrados, y que ofrece, además, una aplicación para jugar desde un iPhone.

El mercado del entretenimiento infantil, que es a la fecha uno de los más rentables y sólidos en el tiempo -gracias a la tendencia de los padres a satisfacer casi todos los deseos de sus hijos-, también ofrece alternativas en este rubro y una sencilla búsqueda en la red de redes ofrece una variada paleta de alternativas que van desde sencillos juegos gratuitos hasta sofisticadas comunidades virtuales con algunos costos adicionales.

De entre estas ofertas se destaca el Club Penguin, una propuesta lanzada hace ya un tiempo por Disney que constituye todo un mundo virtual habitado por pingüinos a través de los cuales los chicos pueden jugar e interactuar con otros usuarios. El problema, en este caso, es lo fuertemente adictivo de este entretenimiento, por lo cual la moderación paterna es fundamental.

Como es habitual en otros sitios online, jugar es gratis hasta ciertas pantallas. Quienes quieren adentrarse más, es necesario pagar un cánon para acceder a contenidos que se renuevan semanalmente, a funciones especiales e incluso a más juegos interactivos. Otras características pasan por las estrictas reglas de conducta establecidas, que prohíben las malas palabras, la conducta inadecuada hacia otros «pingüinos» y hasta hacer trampas.

Comenzar a jugar es sencillo: simplemente hay que elegir un pingüino, ponerle nombre y aportarle algún color, y obtener el permiso de los padres, a partir del mail que el Club envía a la casilla de correo electrónico del mayor responsable. Ese pingüino, a su vez, «adopta» sus propias mascotas, los «puffles», a los cuales hay que atender (comida, salud, descanso) para que no se escapen: este es un factor que determina la no cesación del juego al apagar la computadora, y que crea esa adicción-identificación del chico con el mundo virtual de los pingüinos. También hay un diario, agendas personales e invitaciones a fiestas virtuales.

Horacio Moreno