15 de septiembre 2011 - 00:00

“Hay que apagar la televisión interior”

Jorge Eines presenta desde hoy y hasta el domingo en el Teatro Cervantes «Tejido abierto, tejido Beckett».
Jorge Eines presenta desde hoy y hasta el domingo en el Teatro Cervantes «Tejido abierto, tejido Beckett».
«Beckett es difícil para un universo de significado fácil», expresa Jorge Eines, dramaturgo y teórico argentino radicado en España que presenta desde hoy y hasta el domingo «Tejido abierto, tejido Beckett», en el Teatro Nacional Cervantes, a las 21 los tres primeros días y 20.30 el domingo. La obra, que transita la obra de Beckett desde su primer cuento de 1935 hasta «Molloy» y «Malone muere», pasando por los dramas «Esperando a Godot», «Final de partida» y «La última cita», se estrenó en 2009 en el Festival de Otoño de Madrid y luego recorrió distintas ciudades españolas. Ahora, además de Buenos Aires, se presentará también en Rosario (Centro Cultural de España el jueves 22), Santa Fe (Teatro Municipal viernes 23 y sábado 24) y Córdoba (Centro Cultural de España, el domingo 25). Dialogamos con Eines.

Periodista: ¿La obra va dirigida sólo para quien ya conozca a Beckett?

Jorge Eines:
El lenguaje de Beckett necesita de un espectador dispuesto a apagar la TV que lleva adentro. Debe estar predispuesto a recibir y deseoso de no convertirse en alguien a quien se le ofrece todo digerido. Es interesante si el espectador trata de descubrir algo de lo que le dan por descubierto e inventado, y si se interesa en sacar sus propias conclusiones.

P..: ¿Cómo construyó la dramaturgia?

J.E.: Habitualmente la dramaturgia convencional se construye a partir de un director y actores, quienes instalan juntos una imagen, para que el espectador genere un concepto. Luego el espectador dirá lo que significa o el habitual «entendí» o «no entendí». Con Beckett ocurre lo contrario , el autor instala un concepto y cada espectador consigue otorgarle a eso una imagen. Y a partir de allí, el espectador dará significado, o no.

P.: Usted ha dicho que rechaza la ventaja de una sociedad que propone pertenecer a lo masivo, «en un punto la obra es anti-tinelliana por antonomasia», subrayó.

J.E.: Sí, porque necesito de espectadores inteligentes con ganas de comprometerse con lo que cuento, en ese sentido sé que me estaré dirigiendo a una inmensa minoría. A esta edad y en este momento de mi vida surge la necesidad de usar un autor para contar lo que quiero contar. Entonces como veo con claridad aquello a lo que quiero referirme, necesito en el ensayo un entrecruzamiento entre los actores y yo, además de recurrir a autores fértiles. Al público le hablan de Beckett y se escapa o se asusta, a otros les gusta o les interesa porque no los tratan como tontos.

P.: ¿Cuáles son esos temas de los que usted quiere hablar?

J.E.:
La finitud, «Desde el comienzo sabemos el final, pero aquí estamos», dice Beckett. Lo único que sabemos es que vamos a morir, mientras tanto, hacemos cosas. Estos son temas que Beckett se encargó especialmente de contar en su obra. Si algo hizo el autor fue referirse a ese vacío. El ser humano ha nacido para morir con la capacidad de pensar en eso, mientras los animales no lo tienen, son puro presente. Claro que la mayor parte de los humanos lo único que quiere es nacer, crecer, cagar y dormir. No se plantean todo el resto.

Entrevista de Carolina Liponetzky

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