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Hay una “burbuja racional”

Cuesta pensar que ésta sea la intención de las autoridades, pero también cuesta creer que no supieran que éste sería el resultado inmediato de sus acciones.
Es cierto que nadie sensato puede esperar una reacción inmediata en los objetivos declarados de manera explícita (o implícita): estímulo de la economía, merma de la desocupación, mejora crediticia de los países, etc.; pero si nos atenemos a casi cinco años de implementar medidas similares a las de los últimos días, no deberíamos esperar grandes resultados.
Tal vez «lo peor» (o para otros «lo mejor») es que tanto de uno como de otro lado del Atlántico los bancos centrales decidieron dejar de lado cualquier consideración sobre los potenciales problemas inflacionarios, apostando en una especie de neo-neo-keynesianismo a que «esta vez será diferente» y la brutal emisión de dinero será capaz de sacar al mundo de la actual recesión (o casi recesión) sin derivar en un período de alta inflación o peor aún, de estanflación como sucedió en los 70. Conscientes o no de esto, la reducción de los horizontes de inversión permiten a quienes participan del mercado jugar a algo parecido a una «burbuja racional». Así, el viernes el Dow trepó el 0,45 por ciento, a 13.593,37 puntos, avanzando un 2,15 por ciento en la semana y un 11,26 por ciento en un año en que el NASDAQ gana el 22,22 por ciento.


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