“Hay una inconsistencia fortísima en la hoja de ruta acordada con el FMI”

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El actual diputado nacional y exgobernador bonaerense ya tiene búnker propio en el corazón de la Ciudad de Buenos Aires, pero sigue una agenda súper intensa que lo lleva también por el interior del país. Calzado con el traje de candidato a presidente está convencido de la necesidad de consolidar una alternativa a Cambiemos, que incluya al peronismo pero que sume a todos los que “defiendan el trabajo argentino”. “Soy candidato porque me siento capaz de serlo”, enfatizó durante un extenso diálogo que se puede leer completo en ámbito.com.

Periodista: ¿Cómo evalúa la situación económica del país?

Felipe Solá: Hay una situación muy grave en la que se combinan los siguientes hechos. Primero, la mayoría de las familias argentinas no llegan a fin de mes, de cualquier clase porque cada uno tiene gastos diferentes. Segundo, no hay una sola política de protección del empleo, y menos hay políticas de empleo. Tercero, hay una pérdida muy grande del salario real de los estatales, y en menor medida pero muy grande también de los privados, a esa pérdida de salario real le sigue la pérdida de salario real de la de la changas que es mucho mayor porque allí no hay salario, hay un valor de la changa pero en este momento hay gente dispuesta a trabajar por mucho menos plata que un salario formal, que ya de por sí es bajo. En otras palabras el mercado está excluyendo mucho más gente porque está achicándose. Y a esto hay que agregar el golpe fortísimo sobre las pymes.

P.: ¿Cómo observa el acuerdo del FMI?

F.S.: Desde el punto de vista de la macroeconomía el mercado descuenta que hay una inconsistencia fortísima y muy visible en el programa económico, que en realidad es la hoja de ruta fijada para los 18 meses que van a de junio de 2018 a diciembre de 2019 que el Gobierno tiene acordada con el FMI. Hay una inconsistencia enorme en por ejemplo lo que se espera el déficit fiscal en el año y medio de 15.500 millones de dólares, de lo que se espera de los vencimientos de capital e intereses que son 13.600 millones de dólares y eso da 29.100 millones de dólares.

P.: Desde el punto de vista político, ¿los cuadernos golpean solo al kirchnerismo o a toda la clase política?

F.S.: Golpea a todos porque no hay nadie que se dedique a la política, yo llevo 31 años de ser un hombre público, que pueda mirar para otro lado, no podemos no hacernos cargo de esto. Importa para la Justicia si fulano o zutano se enriqueció, pero lo que importa es que no miremos para otro lado porque yo no tengo nada que ver o porque no me enriquecí o porque no estoy en los cuadernos. Se veía venir, sí. El financiamiento de la política ha sido generalmente espurio o desconocido, y en mejor de los casos hay políticos que han aceptado dinero en negro, pero también hay políticos que no se han preocupado por saber de dónde venía el dinero cuando estaban subiendo la escalerita en un acto.

P.: ¿Puede ser un antes y un después en la política?

F.S.: Lo que creo que puede ser muy importante de esto es que el juez se anime a seguir pase lo que pase. Recorrer todos los hilos que salgan de las declaraciones y que no se perdone tanto a tanta gente. Segundo que de ahí surja no solo una reacción emocional, sino una legislación que defienda la política pero que la haga transparente. No que la mate como el "mano puliti" en Italia que después vino Berlusconi 15 años, sino que la defienda pero que ponga en igualdad de condiciones a quienes son oposición y están fuera del Estado y a los que están dentro del Estado.

P.: ¿Y qué lectura hace de los aportantes truchos de Cambiemos?

F.S.: La lectura que hago es que quiero que se trate con la misma espectacularidad y fuerza que el caso de los empresarios de la construcción. Este caso que se está tratando al que yo no le saco el cuerpo, primero percibí los cuadernos como una operación de los servicios de inteligencia para tapar la gravísima situación económica de la Argentina, pero sean o no falsos, aparecen después las declaraciones de los empresarios y estos dichos ya no suenan falsas sino que suenan a que los empresarios cuentan lo que pasó. Por supuesto hay empresarios que están presos porque no son amigos del Gobierno y hay empresarios que arreglan por teléfono y son arrepentidos, están llenos de arrepentidos que circulan por Puerto Madero. Un arrepentido es un coimero que tiene un abogado que tiene un juez amigo.

P.: Dentro del peronismo, ¿es candidato a presidente o un dirigente que busca aglutinar las distintas vertientes?

F.S.: Soy un dirigente que ha pasado por diferentes etapas del peronismo, lo reconozco, y que ha pasado por dos grandes trámites de gestión y que creo que he cumplido. He pasado por momentos muy difíciles en la provincia de Buenos Aires y que la he sacado adelante, que tengo una combinación de compromiso absoluto con ser justo y sensible a los pobres porque soy peronista y al mismo tiempo creo que ser un hombre moderado, no tanto en mi humor, pero sí para mirar la realidad. Ahora cuanto más me preocupa la realidad más claro veo la realidad de transformación que es muy fuerte. Hay una necesidad de cambio muy fuerte, acá no hay que volver para atrás, hay que cambiar el pasado y el presente. Por eso yo soy candidato, porque me siento capaz de serlo, sin desconocer la realidad con la existencia de otros candidatos, y la existencia del kirchnerismo y su líder, y la dispersión que puede tener la oposición y la incertidumbre que presenta el país, y el descreimiento que puede haber de la política tanto por la política económica como por los casos de corrupción.

P.: ¿Cree que en 2019 el peronismo va a ser una alternativa competitiva?

F.S.: No lo pondría en términos del peronismo. Diría que si necesitamos un cambio va a ser un cambio que va a surgir de la oposición. Una oposición que tiene que ser lo más amplia que se imagine, y no amplia en el sentido de que vengan los votos de todos lados, sino que vengan las ideas de todos lados. Entendiendo que el kirchnerismo también fue peronismo, no tenemos peronómetro. Hay un tema central que nos debe unificar absolutamente que es una prioridad y que es defender el trabajo argentino.

P.: Entonces, ¿no hay peronómetro?

F.S.: Nunca tuve peronómetro, lo que he tenido es afecto o repulsión por peronistas. Hay verdades, son doctrinas que pueden atravesar diversas épocas ideológicas.

P.: Ese aglutinamiento de la oposición ¿tiene algún límite?

F.S.: Por supuesto que hay límites éticos que a veces se ignoran y se recicla mucha gente. El límite es saber dónde termina la grandeza y donde empieza el juego egoísta, ahí es donde hay que frenar.

P: ¿Cómo está su relación con Massa?

F.S.: Lo que nos ha venido separando es que Sergio ha tenido una posición muy anti-K, de no admitir a un sector enorme del peronismo, y yo pienso que es imposible construir una oposición sin admitir el espacio más grande de la oposición. Yo creo que el peronismo es amplio o no es peronismo, y Sergio ha tenido siempre una idea de ir por la avenida del medio que ahora ya no está, que excluía completamente el pasado. Nadie sabe qué va a pasar, si Massa al final no va estar en el mismo espacio en el que queremos estar todos nosotros.

P.: ¿Cómo imagina a Cristina en 2019?

F.S.: Su determinación es muy importante, pero creo que el futuro debe ser distinto. Con una Argentina que vaya para adelante con lo bueno que se hizo en esos años pero que no vuelva para atrás con la grieta.

Entrevista de Guillermo Gamacurta

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