14 de enero 2010 - 00:00

Hitchcock no lo hizo mejor

Aunque con sus puntos débiles (le falta audacia, por ejemplo), «Buenas costumbres» es una agradable nueva versión de la obra de Noel Coward que también llevó al cine, sin pena ni gloria, Alfred Hitchcock en 1928.
Aunque con sus puntos débiles (le falta audacia, por ejemplo), «Buenas costumbres» es una agradable nueva versión de la obra de Noel Coward que también llevó al cine, sin pena ni gloria, Alfred Hitchcock en 1928.
«Buenas costumbres» (Easy Virtue, G. Bretaña-Canadá, 2009, habl. en inglés). Dir.:S. Elliot. Int.: J. Biel, B. Barnes, K. Scott Thomas, C. Firth, K. Nixon, K. Parkinson, K. Marshall

Teniendo en cuenta el carácter más desbordado de su película más conocida, la comedia dramática de drag queens «Priscilla la reina del desierto», en esta adaptación de una obra de Noel Co-ward, el director australiano Stephan Elliot se muestra bastante moderado. Casi más de lo necesario, si se tiene en cuenta que esta historia sobre hipocrecía, intolerancia e indiscreciones conyugales entre aristócratas ingleses en la década de 1920 daba para una adaptación moderna un poco más audaz.

El enfrentamiento entre una terrible suegra británica y su nuera estadounidense más liberal de lo compatible en una sociedad pacata está jugado en un tono liviano de comedia romántico-dramática con atractivos apuntes de choque cultural y algunos momentos realmente divertidos.

Jessica Biel es la modernísima beldad norteamericana con la que se casa abruptamente el heredero de una estirada familia inglesa (Ben Barnes) apenas conocerla en la Costa Azul francesa. La novedad no le cae nada bien a la madre del novio, que le hace la vida imposible a la recién casada no bien se instala en la mansión familiar. La actuación de Kristin Scott Thomas da lugar a escenas brillantes, pero también a algunos desbordes en los momentos más dramáticos. En cambio, Colin Firth mantiene un nivel realmente bueno y parejo como el suegro demasiado comprensivo, debido a su desencanto con la pesadillesca vida plagada de normas y tradiciones difíciles de soportar.

El colorido de la ambientación de época, la banda sonora que va desde Cole Porter a un tango «traído directamente desde los burdeles de Buenos Aires», sirven para levantar la digna pero no muy imaginativa puesta en escena.

Versión muda

Justamente todo lo contrario de una anterior adaptación al cine de la misma obra de Coward: si hubiera alguna necesidad de hacer una nueva versión de una película de Alfred Hitchcock, ésta sería la elección perfecta: su «Easy Virtue», lejos de ser un clásico del director de «Vértigo», ni siquiera se destaca especialmente entre muchos títulos superiores de su período mudo. Claro que aquella aproximación era mucho más seria y dramática, ya que en el cine de los años 20, el divorcio era un tema realmente escandaloso.

D.C.

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