Aunque la recaudación de 2016 ostentó un record de 11 mil millones de dólares, a esa cifra se llegó por el aumento del precio de la entrada y la inflación. La asistencia real cayó a los niveles de 2004.
Logan. Al igual que la nueva versión de “La Bella y la Bestia” sacudió la taquilla. Sin embargo, el mercado joven sólo se moviliza hasta las salas de cine con este tipo de oferta. Para todo el resto, su preferencia es consumirlo en streaming y en sus iPhones.
Los Angeles - Desde la invención de los hermanos Lumière hasta hoy, nunca el cine en su faz de negocio había enfrentado una crisis como la de estos años. Ni siquiera con la llegada de la televisión, que impulsó a desarrollar la imaginación de la industria y lanzar propuestas inimitables por la pequeña pantalla, como el cinemascope y el 3D. Hoy, sin embargo, en la era de los smartphones y el streaming, el tamaño no es lo que importa. Ni el relieve (que también puede sustituirse en lo digital). "Hay muchas razones para temer", tituló este semana la publicación Variety al referirse a la situación de los estudios de Hollywood.
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De acuerdo con ésta y otros medios especializados, la industria intenta adaptarse a los nuevos tiempos aunque, en muchos casos, los remedios no son eficaces y la mentalidad de los veteranos de los estudios poco tiene que ver con los cambios que se experimentan.
Una de las primeras medidas fue poner estrenos al alcance de los hogares del consumidor en tiempo record; esto es, que la "ventana" histórica, es decir, el tiempo que mediaba entre el lanzamiento de una película en salas y su estreno en medios caseros ha estallado. Pero eso no es suficiente. Consultado por Variety, el cofundador de los sellos independientes Qualia y Artisan Entertainment, Amir Malin, dijo: "Los ejecutivos de los estudios dominantes carecen de los reflejos para adaptarse a los cambios. Es un sistema intoxicado por la mentalidad de 'me cubro el culo como puedo'. Es un sistema defectuoso, y cuando un paradigma de negocio es defectuoso, mucha gente capaz empieza a hacer cosas contraproducentes".
Hay dos problemas que hoy enfrenta la industria: el público joven se muestra más interesado en los contenidos que obtiene a través del streaming, iPhones y tabletas. Esto es, que todavía puede pagarse una entrada de cine para ver "Star Wars - Rogue One" o algún otro tanque, pero para casi todo lo demás se inclina hacia los medios digitales. Esto lo entendieron muy bien algunos directores de cine exitosos, que hoy prefieren crear películas para Netflix antes que para el cine convencional
El otro problema es la falta de inversores de peso, que hace tiempo cambiaron Hollywood por Silicon Valley, es decir, por los productos vinculados a la tecnología de computadoras y contenidos digitales. Y, como frutilla en la torta, desde la llegada de Donald Trump a la Casa Blanca la inversión extranjera entró en un cono de sombras, a lo que se suma una política de restricción en mercados extranjeros como la que hoy ostenta China, que había sido vista hace unos años con los mismos ojos esperanzados que Japón en los últimos 80 y primeros 90, cuando el gigante oriental compró compañías como la Columbia Pictures, hoy Sony Pictures. Semanas atrás se frustraron dos grandes negocios: la venta de Dick Clark Productions al inversor chino Dalian Wanda (que ascendía a mil millones de dólares), y el colapso de una fusión, por el mismo monto, que iba a unir a Paramount con dos firmas chinas, Huahua Media y Shanghai Film Group.
Sin embargo, más allá de la política económica internacional, hay quienes también ven en esta desaceleración de la inversión china un síntoma diferente, como Schuyler Moore, un broker que participó en numerosos negocios del cine, como los de DreamWorks y Warner Bros. Según su visión, el inversor asiático se está inclinando hacia otras formas de entretenimiento, como la realidad virtual, ya que ve en el modelo tradicional del cine una forma pasada de moda.
Hollywood contraataca exhibiendo cifras. El año pasado, la recaudación por taquilla en los EE.UU. alcanzó el record de 11 mil millones de dólares, y los montos globales también tocaron una nueva marca, 38 mil seiscientos millones. Películas recientes como la versión live action de "La Bella y la Bestia" y "Logan" alcanzaron también excelentes recaudaciones, aunque estos números están sostenidos por dos elementos que no tienen que ver con el medio como tal: el aumento del valor de la entrada, y la inflación. Si lo que se considera es específicamente la cantidad de entradas vendidas, el resultado muestra que la asistencia al cine en los EE.UU. y Canadá en conjunto cayó a la marca de 2004, es decir, alrededor de mil quinientas millones de entradas vendidas. "Se está gastando más plata para llegar a menos público", dictaminó el ex presidente de la Paramount, Adam Goodman, quien asegura que los años de los grandes magnates de Hollywood han terminado para siempre. Ahora, asegura, son parte de una maquinaria superior, que tiene más poder. De hecho, cada vez son más las películas que se ruedan lejos de Los Angeles, en ciudades como Atlanta o Nueva Orleans, donde el costo impositivo es menor. La virtual extinción del negocio del DVD también aceleró este proceso, y reforzó la relación entre los estudios y las cadenas de streaming como Netflix.
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