Resultó una rueda nuevamente alineada entre los mercados, lo único que varió fue el signo. Las incertidumbres siguen presentes y la actitud de los operadores, se mantiene en términos de desconfianza. Lo que actúa de disparador y ante una pequeña utilidad acumulada, o una sombra del contexto que se agite, prevalece el «instinto de conservación». Un Jesse Livermore estaría murmurando, desde el pasado: «Nadie se ha vuelto pobre por llevarse las ganancias a casa...». Y es la actitud de un presente que prosigue dando golpes de mercado, con la mira corta y los dedos rápidos.
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El Dow Jones, que había andado a las trompadas y defendiéndose del ataque en la rueda inicial, ayer bajó la guardia y dejó decantar por los precios el exceso de oferta. Finalmente, con el 1,71 por ciento de rebaja, que se fue replicando por los demás índices y que el Bovespa lo tradujo en el 1,32 por ciento de retroceso.
En lo que hizo a nuestro mercado, nuevamente hubo una doble lectura de indicadores: esta vez, hablando a favor. Porque si bien el listado de las más representativas arrojó una baja de casi 1,5% y en línea con lo externo, el repaso por la nómina de locales, dijo algo muy distinto: casi en la normalidad total, apenas con un 0,2% de rebaja. Ergo, las afines a lo petrolero resultaron un lustre, en especial la caída del 2,6% de Tenaris que hundió al Merval clásico.
Retroceso en volumen, a los 38 millones de pesos ayer, con diferencias totales que dieron «28» alzas y «23» bajas, confirmando que fue una fecha más benigna: que lo que las «11» principales difundieron. Río revuelto, color chocolate, momentos donde los peces no ven la carnada. Y la Bolsa, con la caña.
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