15 de mayo 2012 - 00:00

¿Hora de olvidar las promesas alegres?

París - Desde el momento en que asuma hoy la presidencia, François Hollande deberá enfrentarse al temible desafío de la recuperación de las finanzas públicas, agravado por las sombrías previsiones económicas de la Unión Europea o del Banco de Francia.

El presidente electo francés señaló el viernes que había «previsto» esta situación. «Desde hace ya varias semanas yo sabía que había una degradación mayor de lo que el Gobierno saliente decía sobre nuestras cuentas públicas», declaró.

Su entorno se apresuró, sin embargo, a precisar que el compromiso asumido por Francia frente a sus socios europeos de limitar el déficit fiscal al 3% del PBI el próximo año, contra el 4,5% que se espera éste, será mantenido.

Queda saber cómo. Al invocar la «pesada herencia» del Gobierno saliente del conservador Nicolas Sarkozy, Michel Sapin -cuyo nombre circula con insistencia para el Ministerio de Economía y Finanzas- afirmó que en el gabinete que se formará mañana adoptará «las medidas necesarias», pero sin precisar cuáles.

La Comisión Europea, mientras tanto, hace de pájaro de mal agüero. Según ella, si no se hace nada, el déficit fiscal de Francia alcanzará un 4,2% del PBI el próximo año, o sea 1,2 punto más que lo esperado, y el crecimiento se estancará en el 1,3%, debajo de la tasa del 1,7% que espera el nuevo presidente.

El jueves último, el Banco de Francia anunció que esperaba un crecimiento cero en el segundo trimestre de este año, como en el primero.

Estas tensiones se ven agravadas por el caos político y económico que reina en Grecia y la perspectiva de una prueba de fuerza entre París y Berlín. El presidente Hollande se desplazará el martes a Berlín para intentar convencer a la canciller Angela Merkel de que también son necesarias medidas en favor del crecimiento (ver aparte).

Para liberar nuevos recursos, el nuevo Gobierno francés debe impulsar de aquí a julio un impresionante paquete de medidas fiscales: revisión del impuesto a las empresas para beneficiar a las pymes, reducción de las exenciones fiscales, impuesto adicional sobre los beneficios de bancos y compañías petroleras, aumento de los impuestos a las grandes herencias y rentas de capital, impuesto al 75% por encima de un millón de euros en ingresos anuales...

Los economistas estiman en al menos 10.000 millones de euros el esfuerzo extra que será necesario realizar, de ser ciertas las previsiones de crecimiento de Bruselas.

Meses difíciles

Según Jean-Hervé Lorenzi, que apoyó la candidatura de Hollande, «todo se jugará en los diez días que vienen» para el nuevo presidente, con «dos meses que serán difíciles, marcados por una serie de planes sociales».

Para reducir el gasto público, Lorenzi, presidente del Círculo de Economistas, aboga por una «gran transformación de las administraciones a través de una generalización del modelo de autonomía de las universidades». También pidió al nuevo equipo que «imponga el esfuerzo fiscal a las rentas y no lastre la creación de riquezas y el espíritu empresarial».

Por su parte, Christian Saint-Etienne, profesor de la Universidad París-Dauphine, afirma que el próximo Gobierno no podrá «agregar 10.000 millones de euros en alzas de impuestos sin crear un trauma fiscal sin precedentes».

«El nuevo equipo tendrá que presentar un nuevo plan de desarrollo económico y nuevas proyecciones para adaptarse a la situación», afirma, pronosticando que se avecina un verano boreal «difícil».

Agencia AFP

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