12 de diciembre 2011 - 00:00

Humala militariza el gabinete y rompe ya alianzas claves

Ollanta Humala
Ollanta Humala
Lima - A poco más de cuatro meses de su asunción en la presidencia de Perú, Ollanta Humala profundizó su distanciamiento de los sectores izquierdistas e indigenistas que lo apoyaron en la campaña electoral, al designar al exmilitar del ala dura Oscar Valdés como primer ministro, en momentos en que se vive un agudo conflicto por la explotación de una importante mina de oro.

Valdés, que ocupaba la cartera de Interior, reemplazará al renunciante Salomón Lerner, uno de los primeros empresarios que se acercaron a Humala incluso cuando éste tenía, hace años, un discurso más disruptivo.

Al alejamiento de Lerner se suma que el sector que responde al expresidente centrista Alejandro Toledo anunció ayer que deja el Gobierno, aunque mantendrá el apoyo parlamentario.

El ascenso político de Humala fue, sobre todo, impulsado por los sectores rurales e indígenas de los departamentos del sur de Perú y por los núcleos urbanos de izquierda. En cambio, sectores liberales y moderados vivieron con alarma el avance del exmilitar, que llegó a la presidencia tras vencer en junio pasado a la populista conservadora Keiko Fujimori, hija del expresidente Alberto Fujimori, hoy preso por delitos de lesa humanidad y corrupción. El antifujimorista Toledo apoyó a Humala de cara al balotaje, y acordó la designación de varios funcionarios en el gabinete.

«No somos partidarios de militarizar el Gobierno de Humala, quien fue democráticamente elegido», indicó Toledo sobre la designación del titular del Interior, Valdés, como nuevo primer ministro.

«Hemos tomado la decisión que nuestra agrupación no participará en ningún puesto en el Ejecutivo, sin embargo continuaremos apoyando en el Congreso», dijo el exgobernante (2001-2006) al concluir una reunión de la jefatura de su partido, Perú Posible.

El partido de Toledo ocupaba las carteras de Defensa y Trabajo en el gabinete de 17 ministros que dirigió durante más de 130 días el primer ministro Lerner.

La renuncia irrevocable de Lerner, brazo derecho de Humala desde 2006, se produce en el marco de una práctica común en Perú, como es que el gabinete en pleno suele renunciar en el mes de diciembre de cada año con el fin de dejar al mandatario con manos libres para reorganizar el Gobierno.

El conflicto antiminero en Cajamarca (norte) sirvió de punto de quiebre para la renuncia de Lerner, debido a que el gabinete apareció dividido sobre el proyecto Conga de la minera Yanacocha, que prevé invertir 4.800 millones de dólares y que Humala avaló.

Los desacuerdos se agudizaron cuando el pasado 5 de diciembre, el Gobierno declaró el estado de emergencia en Cajamarca y envió tropas del Ejército a patrullar esa ciudad norandina para poner fin a una huelga de más de 10 días en rechazo al proyecto que prevé el trasvase de cuatro lagunas naturales, una práctica que el Humala candidato hubiera condenado.

«El terremoto generado por Conga ha sacado a la superficie las grietas que había en el Gobierno y llevará al alejamiento del ala más radical», señaló el director del diario conservador Perú 21, del grupo El Comercio, Fritz Dubois.

La fórmula de «palo y zanahoria» que propuso el ministro del Interior Valdés fue respaldada por Humala, pero no contó con el apoyo total del saliente primer ministro, según la prensa local.

«El saliente primer ministro Salomón sintió que en el tema Cajamarca no tenía el respaldo para solucionar el conflicto» privilegiando el diálogo, dijo a la prensa el congresista izquierdista Javier Diez Canseco, de la alianza oficialista Gana Perú.

Agencias AFP y EFE,

y Ámbito Financiero

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