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Impulso “made in Argentina”

Así, desde julio pasado, las compras parecen haber recomenzado, aliviando parcialmente la dura realidad industrial. En parte, de la mano de una coyuntura económica especial, y con la ayuda de algunas medidas oficiales, pareciera que se logró atenuar parte de las pérdidas que venía registrando el sector.
Naturalmente, también los datos de la economía local impulsaron estas operaciones, a pesar de las condiciones más desfavorables en que comenzó a desarrollarse el negocio agrícola en el mismo lapso, lo que tornaría más llamativo el proceso.
Es que mientras los precios internacionales de los commodities agrícolas comenzaron a debilitarse respecto de sus picos récord de mediados del año pasado, y el clima complicaba el desarrollo de los cultivos, las operaciones locales con maquinaria agrícola comenzaron a reaccionar, primero tenuemente, para seguir consolidándose prácticamente hasta hoy, aunque aún distan de recuperar los niveles que alcanzaron en 2008, y que luego se cortaron abruptamente.
Pero la contradicción no es tal al momento de profundizar un poco sobre lo ocurrido. Es que en primer lugar aparecen las limitaciones que sufrió el propio sector y que le impidieron contar con una oferta adecuada ya que, a partir de las restricciones oficiales a las importaciones aplicadas a partir de 2011, no sólo se vio afectada la oferta de máquinas importadas, sino que los fabricantes locales se quedaron, en muchos casos, sin las autopartes como para completar los equipos "made in Argentina". La situación se fue "flexibilizando" paulatinamente mediante una muy larga negociación con el Gobierno, y que desembocó en el delicado equilibrio actual en el que, por un lado, se autorizan los ingresos de equipos que "no se fabrican localmente", y también los de los repuestos de las máquinas que se pudieron importar hasta 2011, así como todas las autopartes necesarias para que la industria recupere, por lo menos, sus niveles de producción de 2007/2008.
En medio, se dispararon varias inversiones, en especial de las marcas internacionales, destinadas a producir localmente, apuntando, por un lado, al esquema de "sustitución de importaciones" que propugna el Gobierno y, también, con faros más largos, al cada vez más interesante mercado regional, por ahora, sólo abastecido por las casas matrices, o desde Brasil. Pero la oferta de maquinaria es solo una de las patas del mercado. La otra es la demanda, y ahí la cuestión es, tal vez, más interesante. ¿Por qué comprarían máquinas productores que enfrentan menores precios de los granos, de la hacienda y, en general, tienen una menor rentabilidad en sus explotaciones? Es que básicamente la respuesta se centra en el tema financiero, y no en el productivo. Y, por supuesto, la situación global de la economía local, la inflación, el tipo de cambio, la evolución del dólar, la inestabilidad de una serie de variables, etc. tienen mucho que ver con la decisión de compra.
Naturalmente ahí tiene bastante que ver el mantenimiento del plan vigente de financiación para equipos agrícolas a tasa fija anual en pesos del Banco Nación -el L 400- al 9% a 3-4 años; o al 10,5% en el caso del Nación Leasing. También la banca privada está obligada a financiar a este sector, a una tasa anual fija del 15%. De tal forma, para productores y contratistas, que consideran para este año una inflación superior al 25%, tomar una deuda en pesos mucho menor pasa a ser un excelente negocio. Pero no es la única razón. De hecho, algunos productores grandes, que tuvieron una cosecha buena, destacan que también el 12% de descuento por "compre argentino", sumado al 10,5% de IVA de las unidades nuevas, contra el 21% que pagan las usadas, cobra importancia estratégica en el actual contexto, especialmente si se considera que las máquinas nuevas casi no tienen mantenimiento (al menos por 2-3 años), mientras que el costo de reparación de las usadas es creciente.
De tal forma, a la hora de "afinar la punta del lápiz", los que están en condiciones de acceder a estos créditos, analizan modernizar sus equipos, deshaciéndose de los usados, para adquirir nuevos a tasas fija -baja- y en pesos. Y ésta parece ser la causa última, o primera, que justificaría la recuperación relativa que está registrando hoy el vapuleado mercado de la maquinaria agrícola.


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