13 de abril 2009 - 00:00

¿Incuba Francia otro mayo caliente?

Derek Sherwin, alto directivo de la firma Scapa, fue retenido el último miércoles por trabajadores de la empresa. Los sindicatos apelan cada vez más a ese tipo de acciones, sembrando inquietud en las entidades patronales y en el Gobierno de Nicolas Sarkozy.
Derek Sherwin, alto directivo de la firma Scapa, fue retenido el último miércoles por trabajadores de la empresa. Los sindicatos apelan cada vez más a ese tipo de acciones, sembrando inquietud en las entidades patronales y en el Gobierno de Nicolas Sarkozy.
Sindicatos desbordados por sus bases, piquetes y ocupaciones de fábricas, patrones tomados como rehenes, negociaciones bajo coacción; soplan vientos de fronda en el «hexágono», como llaman los franceses a su país.

De todas estas modalidades de acción directa, protagonizadas por trabajadores desesperados ante la perspectiva del desempleo, la más inquietante es la del secuestro de ejecutivos de empresas, modalidad setentista que está de vuelta. ¿Se viene otro Mayo Francés?

Uno de los casos más resonantes tuvo por víctima a François-Henry Pinault, séptima fortuna de Francia, presidente del grupo PPR (Puma, Gucci, Balenciaga, Yves Saint Laurent, la casa de remates Christie's, etcétera). El taxi en el que se retiraba Pinault de una reunión fue bloqueado durante una hora por asalariados furiosos ante el anuncio de la eliminación de 1.200 puestos de trabajo en dos empresas insignia del grupo: FNAC y Conforama.

El temor a encender la mecha de un estallido y la tolerancia de la opinión pública -casi la mitad de los franceses aprueba que los trabajadores encierren a sus jefes ante amenaza de despido- explican la cautela de las autoridades. La intervención policial es mínima o nula, pese a la ilegalidad de estos métodos, aunque hasta ahora no hubo violencia física explícita.

Eficacia

Ante la inacción oficial, estos secuestros exprés -ya hubo seis en Francia y la modalidad empieza a exportarse a países vecinos- resultan eficaces, pues concluyen cuando la patronal acepta las exigencias de los captores: cancelar suspensiones y despidos o aumentar las indemnizaciones. Ése ha sido el caso de la farmacéutica 3M, de Caterpillar y de Sony Francia, cuyo CEO, Serge Foucher, fue la primera víctima de esta modalidad de protesta. Pasó una noche entera en una usina amenazada de cierre.

«Estamos un poco superados», admitió al diario Le Monde el delegado de la CGT de la fábrica Caterpillar, de Grenoble, en la cual cinco gerentes fueron «retenidos» el 30 de marzo pasado.

Según previsiones de la OCDE, la retracción del PBI en la zona euro superaría este año el 4% y la desocupación podría llegar al 10 por ciento. En semejante contexto, los referentes de las desbordadas centrales sindicales francesas admiten que la «acción directa» se extenderá.

Tampoco surtió efecto la condena del presidente, Nicolas Sarkozy, a los secuestros patronales. No sólo siguen, sino que un grupo de trabajadores-raptores a los que Sarkozy convocó al Elíseo para dialogar le mandó a decir que se apersonase él en la empresa.

La revuelta está en el aire. La incesante precarización de los asalariados y una juventud con menos chances que sus padres de insertarse en el mercado laboral secan la pradera que cualquier chispa puede incendiar.

Oliver Besancenot, líder de una agrupación de nombre explícito, Nuevo Partido Anticapitalista, es uno de los políticos más populares de Francia, con el 41% de imagen positiva, lo que revela el estado de ánimo de buena parte de la sociedad.

En diciembre de 2008, cuando Grecia fue escenario de manifestaciones violentas, en París, capital de un país que tiene la rebelión inscripta en los genes, sonaron todas las alarmas. Isabelle Sommier, profesora de Sociología en la Sorbonne, aseguró que podía haber «una explosión social; estamos sobre un polvorín».

Tres meses después, la ola de secuestros de directivos de empresas parece imparable. Y frente a este fenómeno que la prensa anglosajona ha bautizado «boss-napping», a los CEO sólo les queda seguir los consejos publicados el 9 de abril por el diario La Tribune, «para evitar el secuestro o manejarlo si sucede». Se sugiere tener en la oficina un «kit de supervivencia» que incluya teléfono celular con números de emergencia, una muda de ropa y elementos de aseo personal; evaluar los riesgos de amotinamiento del personal; entablar un diálogo preventivo con los delegados de planta; individualizar a los líderes de la protesta y nunca acudir solo a la negociación, sino acompañado por un mediador. Si el secuestro no pudo evitarse, el consejo es decir a todo que sí, «dado que los compromisos contraídos bajo amenaza pueden ser anulados por un juez».

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