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¿Incuba Francia otro mayo caliente?
Derek Sherwin, alto directivo de la firma Scapa, fue retenido el último miércoles por trabajadores de la empresa. Los sindicatos apelan cada vez más a ese tipo de acciones, sembrando inquietud en las entidades patronales y en el Gobierno de Nicolas Sarkozy.
«Estamos un poco superados», admitió al diario Le Monde el delegado de la CGT de la fábrica Caterpillar, de Grenoble, en la cual cinco gerentes fueron «retenidos» el 30 de marzo pasado.
Según previsiones de la OCDE, la retracción del PBI en la zona euro superaría este año el 4% y la desocupación podría llegar al 10 por ciento. En semejante contexto, los referentes de las desbordadas centrales sindicales francesas admiten que la «acción directa» se extenderá.
Tampoco surtió efecto la condena del presidente, Nicolas Sarkozy, a los secuestros patronales. No sólo siguen, sino que un grupo de trabajadores-raptores a los que Sarkozy convocó al Elíseo para dialogar le mandó a decir que se apersonase él en la empresa.
La revuelta está en el aire. La incesante precarización de los asalariados y una juventud con menos chances que sus padres de insertarse en el mercado laboral secan la pradera que cualquier chispa puede incendiar.
Oliver Besancenot, líder de una agrupación de nombre explícito, Nuevo Partido Anticapitalista, es uno de los políticos más populares de Francia, con el 41% de imagen positiva, lo que revela el estado de ánimo de buena parte de la sociedad.
En diciembre de 2008, cuando Grecia fue escenario de manifestaciones violentas, en París, capital de un país que tiene la rebelión inscripta en los genes, sonaron todas las alarmas. Isabelle Sommier, profesora de Sociología en la Sorbonne, aseguró que podía haber «una explosión social; estamos sobre un polvorín».
Tres meses después, la ola de secuestros de directivos de empresas parece imparable. Y frente a este fenómeno que la prensa anglosajona ha bautizado «boss-napping», a los CEO sólo les queda seguir los consejos publicados el 9 de abril por el diario La Tribune, «para evitar el secuestro o manejarlo si sucede». Se sugiere tener en la oficina un «kit de supervivencia» que incluya teléfono celular con números de emergencia, una muda de ropa y elementos de aseo personal; evaluar los riesgos de amotinamiento del personal; entablar un diálogo preventivo con los delegados de planta; individualizar a los líderes de la protesta y nunca acudir solo a la negociación, sino acompañado por un mediador. Si el secuestro no pudo evitarse, el consejo es decir a todo que sí, «dado que los compromisos contraídos bajo amenaza pueden ser anulados por un juez».


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