Indecisos complican aún el regreso de Netanyahu al poder

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Jerusalén - La campaña para las elecciones israelíes de mañana concluyó con una dura pulseada entre Benjamin Netanyahu, del partido conservador Likud, y Tzipi Livni, del centrista Kadima -actualmente en el Gobierno- con una leve ventaja para el primero en casi todos los sondeos. Sin embargo, en tres encuestas publicadas por la prensa local, el porcentaje de indecisos permanecía ayer muy alto, en torno a un 15% de los votantes habilitados, por lo que la incertidumbre seguía torciendo el panorama. Según el último sondeo del diario Haaretz, el Likud de Netanyahu obtendría 27 bancas sobre un total de 120 en la Kneset (parlamento), mientras que Kadima («Adelante») de Livni recibiría 25. Resultados similares fueron publicados por los periódicos Yediot Ahronot y Maariv.
En el tercer puesto de las mediciones figura el partido Israel Beitenu de Avigdor Lieberman, de la derecha radical, y los laboristas de Ehud Barak caerían al cuarto lugar, por primera vez en su historia política.
Cualquiera sea el ganador, presumiblemente contará con una Kneset más orientada a la derecha que en la actualidad. Según distintos analistas, se trata de una consecuencia directa de la reciente guerra en la Franja de Gaza, que desplazó de la escena a los partidarios de una negociación de paz definitiva con los palestinos y encendió los ánimos en la población árabe israelí, que amenaza con una abstención electoral masiva.
Más que a los partidos mayoritarios, el escenario de guerra en Gaza dio impulso a la derecha radical de Lieberman, que supera en las encuestas al laborismo y espera, según sus militantes, alcanzar también a Livni. En algunos medios de prensa se habla de una «Liebermanía».
Presionada por estas previsiones, Livni se preocupó por seguir demostrando optimismo. «Hay una paloma en la ventana», dijo, «depende solamente de nosotros hacerla entrar o espantarla». La Operación «Plomo Fundido» demostró, a su parecer, que existe un «alineamiento» de países árabes que comprendieron la necesidad de «aislar» al grupo terrorista Hamás. Con el apoyo de estos países y con el de la administración estadounidense de Barack Obama, Livni piensa que puede haber una nueva iniciativa de paz, antes de que su país se vea obligado a medirse con otras propuestas menos favorables.
Mucho más escéptica es la mirada del favorito Netanyahu, quien sostiene que la política negociadora del actual Gobierno de Ehud Olmert «no será portadora de la paz». «No veremos elevarse en el cielo ni una paloma blanca, ni de ningún otro color. Veremos, en cambio, volar tantos y tantos cohetes palestinos», agregó.
El jefe del Likud prometió, además, que si llega al poder, conservará los Altos de Golán y Jerusalén bajo soberanía israelí. Según Netanyahu, toda retirada israelí significa extender el espacio de maniobra a Hamás y, con ello, de Irán. «La combinación de un régimen fanático con potencial nuclear representa el mayor desafío contra Israel desde su fundación en 1948», dijo en referencia a Irán. «La misión principal de un Gobierno conducido por mí, sería rechazar la amenaza iraní en todos sus aspectos», uniendo fuerzas con las iniciativas de Washington, consideró Netanyahu.
Por su parte, el laborista Ehud Barak prefirió retomar la figura bíblica del Arca de Noé, al afirmar que para los israelíes «las aguas del diluvio universal todavía no se retiraron y la paloma con la rama de olivo no aparece aún en el horizonte». «Se encuentra sobre la mesa la iniciativa de paz de la Liga Árabe, que debe ser sostenida por Israel», indicó. Diplomacia por un lado y «mano de hierro» por otro contra Hamás, aconsejó Barak.
Agencias ANSA, EFE y DPA

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