Productores de trigo de los Estados Unidos esperarán hasta fin de mes antes de abandonar definitivamente la intención de siembra, que llegó sólo al 31% del área prevista.
La industria del etanol en los EE.UU. sigue muy atentamente las alternativas de esta campaña en el medio oeste de ese país, ya que cualquier reducción en la producción esperada de maíz podrá disparar los precios y, consecuentemente, alterar los márgenes de esta actividad. El maíz es el principal insumo para la elaboración de este biocombustible, y su participación en el costo total de producción supera el 70%.
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Luego de una cadena de bancarrotas en el curso de 2008, la industria se apresta a enfrentar otro año difícil, ya que los márgenes de utilidad van a permanecer débiles y cualquier alteración climática que afecte las cotizaciones podría evaporarlos. Esta industria cuenta con un exceso de capacidad instalada, lo que no admite margen a subas abruptas del maíz, máxime si ellas no están acompañadas de sólidas mejoras en la cotización del barril de petróleo, algo que comienza a avizorarse desde hace algunas semanas.
De acuerdo con el último informe del Departamento de Agricultura de EE.UU. (USDA), el país del Norte sembrará en esta temporada 34,4 millones de hectáreas de maíz, con una producción esperada de 307 millones. El uso de maíz para elaborar etanol en esta campaña fue proyectado en 104 millones de toneladas, o sea, algo más de un tercio de la producción esperada. La cifra es superior a la del año anterior, en la que se procesaron 95,25 millones de toneladas.
Según el economista de la Universidad de Illinois Darrel Good, el rendimiento de 9.750 kilos por hectárea revelado por el USDA luce optimista, lo que le permite inducir que aún queda espacio para observar mejoras en las cotizaciones. También el último informe del Deutsche Bank vaticina que las existencias finales globales de maíz de esta campaña podrían caer hasta abastecer solamente 60 días de consumo. Una relación tan baja no se registra desde la década del 70.
Habrá que seguir, entonces, observando el clima en el medio oeste de los EE.UU. para ver si el objetivo productivo del USDA en esta proyección preliminar puede o no materializarse. Esta campaña comenzó con una menor intención de siembra de maíz, como consecuencia de los elevados costos de producción de este cultivo en relación con la soja. También atenta contra el objetivo de siembra del USDA las persistentes demoras en la implantación por exceso de lluvias, algo que ya había sucedido el año anterior.
Hasta el 17 de mayo, los «farmers» norteamericanos llevaban implantado el 62% del área a cubrir con maíz, comparado con el 48% de la semana anterior, el 70% del año pasado a esta fecha y el 85% del promedio de los últimos cinco años. También cobra relevancia la situación del trigo de primavera, retrasado como el maíz por las recientes precipitaciones.
Hasta el momento, se lleva implantado solamente el 50% del área a dedicar con este cultivo, comparado con el 92% del año anterior a esta fecha y el 90% del promedio de los últimos cinco años. Los productores de esta variedad de trigo, que se cultiva en la región norte de los EE.UU., esperan desde hace semanas que la situación climática se modifique. En el estado de Dakota del Norte, el principal productor de trigo de primavera de los EE.UU., aguardarán hasta fin de mes antes de abandonar definitivamente su intención de siembra, que al lunes alcanzaba solamente a un 31% del área prevista. A esta altura, también sería dable esperar alguna merma en los rendimientos por la implantación tardía. Cambiando un poco la tendencia de los últimos años, que indicaba que los consumidores rechazarían los materiales genéticamente modificados de trigo, grupos de productores de los EE.UU., Canadá y Australia comienzan a avanzar en esa dirección, al anunciar su apoyo a la comercialización de semillas diseñadas para mejorar las cosechas. Hoy se pueden lograr semillas con resistencia a insectos y enfermedades, mejorando el uso de nutrientes y agua e incrementando su tolerancia a sequías y heladas, gracias al desarrollo de la biotecnología. Los grupos norteamericanos que apoyan este desarrollo son asociaciones de productores de trigo y molineros. En Canadá, la iniciativa cuenta con el apoyo de productores de granos de ese país y en Australia con el del consejo de granos de ese país. En los EE.UU., varios laboratorios cuentan con semillas de trigo modificadas genéticamente, pero ninguna de ellas ha sido aún comercializada. Seguramente, transcurrirán varios años hasta que esto ocurra, según se reconoce desde la Asociación Nacional de Productores de Trigo de los EE.UU., aunque también se afirma que si el trigo permanece sin ser un cultivo biotecnológicamente admitido, será desplazado por otras alternativas que sí lo son y que resultan más rentables al productor.
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