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Insólito: premian a Chávez por su manejo de prensa
Luego pisará Montevideo, Cochabamba y cerrará en Cartagenas de Indias, Colombia, con un mano a mano con Juan Manuel Santos, a priori, el punto más alto de su rodeo latinoamericano: con el sucesor de Álvaro Uribe debe restañar las heridas por la crisis fronteriza de fin de 2010. En el país, será recibido con pompa: tendrá una cumbre con la Presidente, participará de dos actos ruidosos poblados por tropa K y recibirá una polémica distinción, en la Facultad de Periodismo de La Plata, adornado como guiño como adalid de la «comunicación popular».
Protagonista de una encarnizada batalla con los medios privados de Venezuela -el último round fue por el cierre de 34 radios por, explicó su Gobierno, vencimiento de las licencias- se marchará, esta noche, «purificado» con el galardón Rodolfo Walsh. Para pensar en la función de las escuelas de periodismo.
Antes Evo Morales se colgó también esa medalla. Con menos ruido. El condimento lo aportó, en las últimas horas, el bloqueo al diario Clarín y los reproches que llovieron sobre la Casa Rosada. Imposible menos oportuno para abonar la tesis de la chavización K.
El más locuaz e inquieto de los presidentes continentales -encabeza el ranking de los mandatarios con más visitas al país- regresa a cinco meses de su imprevisto viaje por la muerte de Néstor Kirchner. Aquella vez, fue el único que acompañó el sepelio hasta Santa Cruz.
Fuera de lo protocolar referido a la ratificación de trabajo compartido y acuerdos bilaterales -que abordarán también los cancilleres Héctor Timerman y Nicolás Maduro- sobrevolarán otras cuestiones.
Chávez espera ansioso, que se destrabe el pliego que duerme en el Congreso paraguayo para la incorporación formal y plena de Venezuela al Mercosur. Fernando Lugo no tiene número suficiente para allanar esa cuestión. El bolivariano quiere que la Argentina interceda.
En Asunción, la derecha resiste el ingreso venezolano al bloque sureño. Tienen con Chávez asuntos pendientes: además de lo ideológico, lo acusan de haber financiado parte de la campaña que llevó a Lugo a la presidencia.
Los demás socios del Mercosur poco y nada pueden hacer. Así y todo, es un capítulo recurrente en las bilaterales de Chávez con los presidentes de la zona. Desde 2007, cuando se acordó en Montevideo el ingreso de Venezuela, el bolivariano espera lograr el rango total de socio.
El bolivariano confía en un antecedente cercano: gestiones silenciosas de operadores argentinos aportaron al acuerdo para que la jefatura de la Unasur quede, compartida y rotativa, entre el exministro chavista Alí Rodríguez y la excanciller colombiana María Emma Mejías.
¿Pedirá en privado precisiones sobre lo que filtró WikiLeaks sobre dichos de Cristina de Kirchner respecto del venezolano? Según un cable firmado por el exembajador Earl Wayne, la Presidente dijo que Chávez «a menudo habla sin pensar antes» y consideró que debería «ser más cuidadoso con lo que dice en público».
No parece. Como gesto, el Gobierno activó un dispositivo de movilización para que el encuentro público entre ambos presidentes, pautado para el mediodía en los astilleros Tandanor -antes tendrán una audiencia en Casa Rosada- sea cálido y tumultuoso.
Varias agrupaciones K, sobre todo las juveniles y en particular La Cámpora, participarán del show. Tandanor, al igual que Astilleros Río Santiago, tienen buena parte de su capacidad operativa, ocupada con pedidos de embarcaciones de Venezuela.
Al almuerzo de rigor en Cancillería le seguirá, sobre el atardecer -con Chávez, los horarios siempre son móviles- la recepción en la Facultad de Periodismo de La Plata donde le entregarán el premio Rodolfo Walsh.
Florencia Saintout, decana de esa facultad de la UNLP, defendió un reconocimiento que en el pasado recibieron desde Gabriel Mariotto y Juan Gelman hasta Ricardo Krischbaum, editor general de Clarín, y Telenoche. En La Plata habrá también tropa K para recibir al bolivariano.
Antes de partir hacia Uruguay, previsto para la noche, quizá Chávez deje una pista sobre el posible cambio de su delegado diplomático en Buenos Aires, el moderado Enrique Méndez Romero, sucesor de Roger Capella, aquel diplomático que fue «retirado» por realizar tareas de intromisión política.


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