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Intentan importar a Buenos Aires el conflicto de Medio Oriente
Según publicó ayer este diario, un dirigente de ese sector había amenazado con «ir a las oficinas de las empresas, al lugar donde se esconden las ratas, a escracharlos, pero si es necesario a tomar esas oficinas, a rodearlas y bloquearlas exigiendo ahí, en el nido de ratas donde están los capitales sionistas, que se retiren de Gaza» (Juan Beica, de Convergencia Socialista). Ayer esa amenaza fue cumplida por un puñado de militantes (no más de un centenar) que, encapuchados y armados con palos, intentaron copar las oficinas que tiene la desarrolladora IRSA en el barrio de Montserrat. Como la Policía había armado un vallado, se conformaron con ir hacia el edificio de Bolívar e Hipólito Yrigoyen -donde alguna vez funcionó esa empresa, y hoy está casi desocupado- y arrojar allí las bombas de pintura que tenían preparadas. La Policía, tal como viene siendo la actitud oficial respecto de las numerosas y crecientes manifestaciones antisemitas en la Argentina, se limitó a custodiar a los manifestantes.
Lo mismo sucedió al caer la tarde en Pasteur y Tucumán: allí las fuerzas del orden montaron un vallado para impedir que cincuenta militantes, con los mismos carteles antiisraelíes y judeofóbicos que exhibieron a la mañana, llegaran a la puerta del edificio de la AMIA. La «excusa» (como si los antisemitas las necesitaran) era la supuesta presencia de un alto funcionario de la cancillería israelí en ese lugar. La realidad es que el primer secretario de la Embajada de Israel en Buenos Aires dio una charla para unos 100 asistentes, obviamente desde el punto de vista del Estado judío sobre la reciente ofensiva en Gaza contra el grupo terrorista Hamás.
Lo sucedido en el pasado reciente en Pasteur 633, donde por un coche bomba manejado por un terrorista del grupo pro iraní Hizbulá murieron 85 argentinos no pareció arredrar a estos «defensores de los derechos humanos», ya que -porque la Policía no les permitió avanzar más allá- se dedicaron a entonar consignas de fuerte contenido antijudío. Lo escaso del número de participantes, de todos modos, revela cuán poco prenden estos mensajes en la población argentina.


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