11 de marzo 2015 - 00:00

“Intento ayudar a que los clásicos no sean olvidados”

Posteguillo: “Salvo apenas algún libro de Javier Marías, en España no hay divulgación de la historia de la literatura. Hay más en América Latina, que es mucho más sensible a este asunto”.
Posteguillo: “Salvo apenas algún libro de Javier Marías, en España no hay divulgación de la historia de la literatura. Hay más en América Latina, que es mucho más sensible a este asunto”.
Una curiosa relación que une a Woody Allen con el el faraón Ramsés II a través del poeta Shelley. El cenotafio a una mosca que hizo construir el poeta Virgilio. El poeta socialista que escribió versos del himno falangista "De cara al sol". La culpa irreparable del hombre que mató a Pushkin en un duelo. El primer detective literario no lo creó ni Poe ni Conan Doyle, sino el filósofo Voltaire. El escritor español Santiago Posteguillo reúne en "La sangre de los libros", que acaba de publicar Planeta, 31 historias que tienen como protagonistas a famosos escritores. Posteguillo es profesor titular de lengua y literatura inglesa en la Unversitat Jaume I y doctor europeo en la Universidad de Valencia. Se destaca internacionalmente en la novela histórica con una premiada trilogía de novelas sobre Escipión El Africano y otra, que está completando, sobre Trajano. En una forma popular de ensayo de divulgación sobre la literatura publicó "La noche que Frankenstein leyó el Quijote", antecedente de "La sangre de los libros". En su breve visita a Buenos Aires dialogamos con el autor de "El hijo del cónsul" y "Las legiones malditas", entre otras obras.

Periodista: ¿Por qué, luego de consagrarse como autor de novelas históricas, pasa a contar anécdotas de la historia de la literatura?

Santiago Posteguillo: Tengo la sensación de que los clásicos quedan olvidados, sobre todo por los lectores jóvenes. Entonces, en la medida de mis posibilidades, intento aprovechar la relativa popularidad que pueda tener como autor para tomarme una especie de intermedio entre novela histórica y novela histórica para dedicarme a la divulgación de la historia de la literatura, de la cual no hay tanto en España, apenas algún libro de Javier Marías, y hay más en América Latina, que es mucho más sensible a este asunto. La gente suele pensar en mí como historiador pero realmente yo soy filólogo, profesor de Lengua y Literatura. Si se piensa en ese fondo mío que me interese hablar no sólo de la literatura sino también de la trastienda de la literatura ya no me pilla tan lejano. "La sangre de los libros" la he intentado componer con el ánimo de desde lo anecdótico intentar conducir a lectores que piensan que los clásicos le resultan lejanos y motivarlos, mostrándoles que esos autores tienen vidas muy intensas y mucho que contar. Por otro lado, al estar escrito cada capítulo con cierta intriga, no develando de quién estoy hablando en cada momento, esto le da un segundo nivel de lectura para lectores más avezados le permite jugar con el libro como si fuera un pequeño trivial literario: ¿a ver dónde le descubro a Posteguillo de qué autor me está hablando? Y espero que quienes conozcan las anécdotas disfruten del modo en que están contadas, y encuentren algunas que le resulten nuevas.

P.: No se trata de un libro de ensayos breves sino que tienen mucho de cuentos. Y en algún caso hasta se permite juego de lazos en el tiempo que recuerdan relatos de Julio Cortázar.

S.P.: Me emociona su mención a Cortázar, que es para mí uno de los gigantes de la literatura, y sobre todo por sus espléndidos cuentos. Y si se me ha escapado al escribir alguna inspiración cortazariana bienvenida sea, considérelo como un rasgo de admiración.

P.: Suele sostenerse que las sociedades se formaron gracias a los agrupamientos que producen las religiones y los chismes. Uno de los condimentos de su libro son los chismes.

S.P.: En el caso de Balzac, por ejemplo, viendo sus amoríos. Llevo 23 años dando clases de literatura inglesa, teatro isabelino, narrativa del siglo XIX, en la universidad Jaume I de Castellón. Son 23 años buscando que los estudiantes no se duerman en clase. Resulta más intrigante empezar diciendo; te voy a confiar que.., que empezar diciendo el principio de la literatura inglesa se da con un poema de tradición oral llamado "Beowulf". Eso es canónico, pero mejor es poner una película de Peter Jackson de "El señor de los anillos" con Gandalf luchando contra Sauron, de ahí saltar a Tolkien, de ahí al mundo anglosajón, de cómo se le ocurre escribir "El hobbit", y al final estamos leyendo y analizando "Beowulf". Se trata de despertar el interés. El chisme, la trastienda no es el objetivo. La trastienda es la herramienta para llegar a lo que importa, que son las obras. Ese mecanismo es el que está en mis libros "La sangre de los otros" y "La noche en que Frankenstein leyó el Quijote".

P.: ¿Cómo llega a esas anécdotas?


S.P.: Las fui juntando durante años, por mis clases, sobre todo las del mundo anglosajón. Luego, al componer los libros, quise dar una visión más universal, y fui buscando historias de diversas tradiciones literarias. Utilizo la técnica de la investigación de toda la vida, la que usé para mis novelas, para mi tesis doctoral, ir a las bibliotecas, buscar en internet, que es una fuente de información muy interesante pero que hay que cotejar para verificar que lo que se dice es cierto. Cuando cuento del entierro y el monumento sepulcral a una mosca que mandó hacer el poeta Virgilio, explico que es legendaria y por qué. A su vez cuento de cuando Virgilio muriendo pide a un amigo que queme sus obras y éste salva la "Eneida", algo que siglos después se repite con Kafka. Una historia que me encanta es la del editor John Lane que recibe 35 sonetos shakespearianos perfectos, como si lo hubiera escrito la reencarnación de Shakespeare, y cuando se entera que salieron de la pluma de un burócrata portugués se niega a publicarlos. El tiempo pone las cosas en su lugar. El portugués era Pessoa uno de los mejores poetas de todos los tiempos, que era bilingüe por haber tenido una educación inglesa en Sudáfrica. Y Pessoa era un fingidor, como lo demuestran sus 86 heterónimos, y cuando dice que "el poeta es un fingidor que finge tanto que hasta finge su dolor, el que realmente siente".

P.: Sorprende contando del poeta socialista español que contribuyó en el himno de la Falange.


S.P.: Dionisio Ridruejo es un personaje sorprendente y bastante desconocido. Perfectamente congruente con sus ideas. Muestra cómo es el entorno en el que se mueve. En su origen, la Falange era un partido con una parte socialista, creía en la igualdad, en el reparto, en la reforma agraria propiciada por José Antonio Primo de Rivera. Lo que pasa es que ese partido se lo apropia Franco y lo reconduce a un partido de corte fascista. A Ridruejo le piden que participe en la creación de "De cara al sol", pero sus versos tuvieron que ver con la paz. Cuando gana Franco se va a luchar contra Stalin, que era lo mismo que un nazi, en la División Azul. Vuelve y se encuentra que Franco se ha convertido en un opresor, y empieza a decirlo. Les incomodaba más que un García Lorca o un Miguel Hernández, porque uno era un homosexual y el otro un rojo. Al final termina exiliándose y alineándose con el Partido Socialista Obrero Español. Creo que hoy estaría en Podemos o en Ciudadanos.

P.: ¿Vuelve a la novela histórica?

S.P.: Estoy trabajando en el final de "La trilogía de Trajano", el emperador romano de origen hispano, que comencé con "Los asesinos del emperador" contando cómo llegaba al poder; en "Circo Máximo" comenté cómo cruza el Danubio y conquista la Dacia, y ahora viene cuando cruza el Tigris, que él trata de que no sea un error sino un triunfo más. Es historia, aventuras, humor y detalles, que es lo que diferencia la novela histórica europea de la estadounidense.

Entrevista de Máximo Soto

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