15 de noviembre 2017 - 22:50

“Internet no nos ha globalizado: seguimos en nuestras fronteras”

El destacado sociólogo visitó el país para presentar su nueva obra que versa, entre otros temas, sobre las fantasías de globalización en la era de las redes.

Martel. “Hay que recordar lo que sostuvo Darwin: la especie que muere es la que no logra adaptarse a los cambios”.
Martel. “Hay que recordar lo que sostuvo Darwin: la especie que muere es la que no logra adaptarse a los cambios”.
No hay un internet creado en Silicon Valley que cubra el mundo, sino una multiplicidad de internets que establecen sus propios territorios, Quien sostiene esto es el sociólogo francés Frédéric Martel, que volvió a visitar la Argentina para presentar "Smart" (Taurus), investigación sobre internet y los usos que se hace de la red, un trabajo que lo llevó por cincuenta países, y que es la continuación de "Cultura Mainstream" y "Global Gay", sus dos obras anteriores. Dialogamos con él.

Periodista: ¿Internet no cumplió su objetivo de globalizar digitalmente el mundo?

Frédéric Martel: Hay momentos en que la invención estadounidense de internet me recuerda al Dr. Insólito de la película de Kubrick, porque se trata de un artefacto que se les va de las manos. No sé que querían hacer con internet al principio, ni si pudieron haber advertido su evolución. Hay dimensiones globales de internet, por ejemplo las redes mundiales, las herramientas, los programas y las estructuras son en su mayoría globales, con excepción de China. Pero la globalidad de las redes no significa que los contenidos viajen sin fronteras. A través de miles de las historias que cuento, internet me recordó a los viejos teléfonos. Cuando éramos jóvenes podíamos llamar a la India, pero nadie llamaba a la India porque no teníamos amigos allí, ni hablábamos los idiomas locales; estamos siempre geolocalizados, somos globales pero en un territorio particular. Y eso hace que no haya un internet global sino tantos internets como países y territorios internos potenciales. El mundo es más "smart" de lo imaginado, pero de un modo que respeta singularidades nacionales e identidades y diferencias locales.

P.: Hay lugares donde no hay casi internet, como Cuba, países que la ofrecen con limitaciones y prohibiciones estatales, y países democráticos donde las redes son manipuladas por el gobierno.

F.M.: Hay una paleta de colores de censuras visibles e invisibles, de controles, de informaciones falsas, de manipulaciones antidemocráticas. Caímos en la desilusión. Habíamos soñado con internet de manera idealizada, fantástica, y descubrimos su cara oscura: el control de datos, los atentados a la vida privada, los engaños, los abusos de posición dominante, como Google, Facebook, Amazon, pero también Netflix o Microsoft. Estamos con los ojos bien abiertos ante lo no deseado. A pesar de esto sigo siendo optimista porque pienso que, a pesar de todo, somos capaces de corregir los errores, y somos sobre todo en la Unión Europea- capaces de regular. La gente tiene que aprender a proteger su vida privada y no entregar sus datos en forma abierta. A la vez y esto vale para la Argentina- inventar nuevos modelos económicos, financiar y reconstruir lo que internet pudo destruir, por caso modelos económicos para la prensa, para los artistas, para las ofertas, etcétera. Hay que luchar para regular las industrias, que están un poco locas.

P.: Fue a través de la cultura mainstream, el cine, las variantes de la cultura pop, que EE.UU. Impulsó sus ideales en el mundo. ¿Eso se ve continuado por la era internet?

F. M.: Hoy se da el smart power, el poder suave, la influencia por la cultura o lo digital. No se logra por la fuerza, la acción militar, la diplomacia tradicional ni por presión económica sino por la cultura, por internet, por los valores, por los protocolos informáticos. No quiero subestimar el lugar de los Estados Unidos, que sigue siendo un jugador muy importante, pero debemos tomar en cuenta el fenómeno de la territorialización de internet, que propone otras perspectivas. Estados Unidos sigue siendo líder del sector. Y la pregunta es por qué Europa, con 27 países y un mercado de 700 millones de personas, mayor que el de EE.UU., no consigue ocupar ese primer lugar. Un caso interesante. Aun cuando Apple quiso crear su propio mapa no consiguió desplazar a Googlemaps, porque Google está veinte años adelantado y cuando aparece una competencia como la israelí Waze, la compra. Hoy intentar crear un equivalente de Googlemaps es casi imposible, el motor de búsqueda de Google es inalcanzable. Este es acaso un punto negativo, el positivo es que el modelo estadounidense es extremadamente sofisticado, en el cual las universidades, la investigación y el desarrollo, el gobierno, el mercado, el sector público y el privado, los pequeños y los gigantes, contribuyen a la configuración de ese modelo absolutamente único. El que en China es sólo el gobierno, en Francia las universidades. En la Argentina todavía hay problemas de banda ancha, de acceso, hacen que estemos retrasados, lo que ofrece optimismo es que en estos casos los modelos económicos son nacionales. Y es importante la movilización económica que ofrece hoy la cultura en sus diversos aspectos gracias a internet. Este tema sirvió para ponerme en un ring frente a Vargas Llosa, que rechaza la cultura mainstream, la dominante, la dirigida al gran público, porque ve la pérdida de valores; yo no niego lo que él menciona sino que observo las transformaciones que el universo digital ha provocado, transformando los modos de expresión, de narración y de valoración de los productos culturales. Los que están en discusión actualmente son los niveles de retribución, de recaudación, de los creadores y artistas. Estamos al comienzo de una revolución más importante que la industrial, y en una revolución hay mucho que cambiar; estamos apenas al comienzo de la era digital. Internet cambia el mundo, piense en los bancos, los seguros, la salud, los viajes: no tendrán nada que ver con los actuales en diez años. La mitad de las personas que trabajan hoy perderán su empleo en los próximos años pero surgirán otros nuevos, y no vale la pena afiliarse a los depriminólogos. Hay que recordar que Darwin decía que la especie que muere es la que no logra adaptarse a los cambios.

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