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Inusitado operativo del Ejército, otra atracción turística
Cuatro soldados fuertemente armados caminan por la tradicional plaza de Pelourinho, rodeada por sus cuatro magníficas iglesias, y Fabián Chacón, un turista argentino de 44 años, filma el paso de los uniformados con su pequeña cámara de video. «Lo grabo porque forma parte de la realidad de Salvador», dice Chacón acompañado de su familia.
Chacón forma parte de uno de los muchos grupos de turistas que se amontonan fascinados con sus máquinas fotográficas para ver los viejos edificios, que sufren restauraciones profundas.
A todos les advirtieron en sus hoteles que tuvieran cuidado: la Policía Militar entró en huelga hace una semana, ocupó la Asamblea Legislativa del estado y una ola de violencia se apoderó de la ciudad, con saqueos, asaltos, incendios de tiendas y coches y más de 100 asesinatos, más del doble de la cifra registrada la semana anterior a la protesta.
Los restoranes y bares cierran más temprano, y frente al mar, donde siempre hay música y fiesta en verano, ahora hay silencio y al caer la noche las calles quedan desiertas.
En los últimos días, conciertos y ensayos del carnaval, que comienza oficialmente el 16 de febrero, también fueron cancelados por la huelga.
«Nos dijeron de tener mucho cuidado y pasear donde hubiera policías. Entonces hacemos lo que ellos nos dijeron y paseamos en el centro histórico, donde sí hay policías», cuenta Pierre, un turista francés de 23 años. «Vimos todas las informaciones en la televisión pero hasta ahora en la calle no hemos visto nada extraño», añade el joven, acompañado de su madre.
Los comerciantes del centro histórico están tranquilos durante el día por la presencia militar y policial, pero temen por su seguridad cuando terminan la jornada de trabajo y deben volver a sus hogares.
«Cuando oscurece y hay que salir tengo miedo. No hay suficientes agentes en la calle y los que hay tienen que estar moviéndose todo el tiempo», dice la encargada de un local de venta de comida que prefirió no dar su nombre.
«En el centro hay policías, en los barrios es donde hay problemas, en los barrios que están más lejos», coincide Florisvaldo Gomes, un vendedor callejero de sombreros.
El turismo ha sufrido con la huelga, aseguran los comerciantes. «Cayó un 10%», dice Gomes, quien confía que el conflicto se solucione antes del carnaval, uno de los más populares del mundo y que reúne a unos tres millones de personas cada año.
Lo mismo piensa Simone de Souza, una morena de 37 años, que vestida con el traje típico bahiano, recibe a los visitantes bailando con una amplia sonrisa en el rostro: «Good morning!», les dice mientras su larga falda la acompaña con una danza suelta.
«Están hablando mal de nuestra Bahía, pero esta es una cosa que va a pasar», sostiene,
criticando la recomendación que hizo Estados Unidos a sus ciudadanos de aplazar viajes no esenciales a este estado brasileño, hasta que se estabilicen las condiciones de seguridad.
El carnaval de Salvador congrega a unos tres millones de personas y en el recorrido de los tres «blocos» (desfiles callejeros) más populares
-Dodó, Osmar y Batatinha- cientos de obreros trabajaban en la construcción de los palcos para los asistentes a la fiesta.
La alcaldía de Salvador informó ayer que la programación de la fiesta no será alterada.
Agencia AFP


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