20 de octubre 2011 - 00:00

Islamistas asoman en la primera elección de la primavera árabe

Túnez - Los islamistas tunecinos se enfrentan a su primer examen en libertad, tras más de 40 años de represión, inmersos en una transición democrática en la que moderados y fanáticos compiten por arrebatarse votos para aplicar su idea del islam político.

La revuelta tunecina que acabó con el régimen de Zin el Abidin ben Alí en enero posibilitó el regreso de miles de islamistas exiliados o encarcelados, así como la legalización del histórico partido por el que muchos pagaron un precio muy alto: Al Nahda (el Renacimiento), heredero del Movimiento de la Tendencia Islámica, de la década de los ochenta.

Al Nahda, que cuenta con la simpatía de amplias capas de la población por la persecución de sus dirigentes y seguidores, es hoy una de las alternativas políticas de derecha con más futuro político.

Sin embargo, esta época dorada del partido no estuvo exenta de tensiones y disensiones internas.

Así, el abogado Abdelfatah Moro, fundador de Al Nahda junto con su actual líder, Rachid Ganuchi, no sólo no se reincorporó a las filas del partido, sino que decidió presentarse a las elecciones a la Asamblea Constituyente del domingo en una lista independiente junto con personalidades islamistas «progresistas y liberales».

Esta primera escisión histórica, impulsada por el considerado padre del islamismo magrebí ante la cercanía de los comicios constituyentes, es causa de desasosiego en Al Nahda, que «teme perder votos», según reconoció uno de sus dirigentes.

Moro, que goza de una inmensa popularidad porque basa su modelo político en el liberalismo «a la tunecina» y no «a la turca» como Al Nahda, es calificado por sus seguidores como «el abogado de los pobres».

Según su relato, decidió ir más lejos porque cree que «la realidad actual de Túnez necesita partidos más modernos, menos ideologizados, con estructuras internas flexibles y más interesados en resolver los problemas reales de todos los ciudadanos que en tomar el poder».

Además de las divisiones ya existentes, hay una incógnita, planteada por algunos, sobre si Al Nahda resistirá unida al embate de las elecciones del domingo y a sus resultados, y sobre si saldrá unida del congreso que celebrará tras los comicios.

Dentro de la organización islámica se debaten dos corrientes: una compuesta por los más conservadores y apegados a la tradición musulmana, encabezados por Ganuchi, y otra más joven y abierta, a cuya cabeza se situarían líderes como Sami Dilu.

No obstante, más allá de las disputas entre conservadores moderados y progresistas, representantes islamistas de ambas corrientes coinciden en señalar que el problema más serio y de difícil solución de la transición es cómo moderar al salafismo más rigorista que cree que hay que aplicar la sharia (ley islámica) de manera literal.

Estos salafistas «filosóficos», como los califican, no son políticos, y su aspiración es seguir el Corán o las enseñanzas de algún maestro musulmán al pie de la letra, para mejorar su vida religiosa dedicada al culto exclusivo de Alá.

«No les gusta ni les interesa la democracia. Detestan todo lo que se relaciona con la política, incluidos Al Nahda u otros partidos como el Partido de la Liberación, que son salafistas, aunque con aspiraciones políticas», aseguró el catedrático de sociología Mehdi Mabrouk.

La corriente salafista comenzó a extenderse en Túnez con la primera Guerra del Golfo y las llamadas a la yihad (guerra santa) en Irak y fue alimentada posteriormente por predicadores formados en Arabia Saudita y de canales de televisión de la capital saudita, y auspiciados por el régimen egipcio de Hosni Mubarak.

Durante los últimos años de Ben Alí, obsesionado por la lucha antiislamista, al menos 3.000 salafistas fueron condenados a prisión, según sus abogados. La revancha histórica no ha tardado en llegar y esta minoría religiosa, aprovechando la recién estrenada libertad, presiona a la opinión pública para imponer o proteger lo que considera principios islámicos inviolables, algunas veces llegando a la violencia.

Agencia EFE

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