11 de noviembre 2013 - 00:00

Jefatura PJ, primer round de la herencia bonaerense

Fernando Espinoza, Martín Insaurralde y Mario Ishii
Fernando Espinoza, Martín Insaurralde y Mario Ishii
 En el tirón final, con 36 horas por delante, el peronismo K tratará de ordenar, con el menor costo posible, un esquema para retener el control del PJ bonaerense. El dato más visible continúa brumoso: quién será el candidato a presidente del dispositivo oficial.

Los volantazos fueron tantos y tan bruscos que a horas del cierre de listas la medianoche del mañana, estiran la incógnita. Aunque las variables reales se reducen a dos, Daniel Scioli o Fernando Espinoza, detrás de cada formato asoman factores críticos.

La cuestión es simple. Lo que al principio se impulsó, a los tumbos, sólo como un formalismo para evitar perder la personería partidaria, con el correr de los días se rebeló como el primer round de la disputa por la gobernación en 2015. De hecho, los chispazos iniciales para postular al gobernador tuvieron como argumento que darle el PJ a un aspirante a 2015 significaba dotarlo de una ventaja sobre los demás competidores.

En el envión último, las variables se estrechan. Veamos:

La entronización de Espinoza ya fue sometida al manoseo y la duda, con lo cual aunque al final logre ese cargo, llegará magullado y con la certeza de que una porción relevante del aparato peronista del conurbano, por cuestión de piel o especulación política, no lo quería como jefe todopoderoso del partido. La aparición de Martín Insaurralde como otro aspirante a la jefatura del PJ es la cristalización de las reservas que genera el alcalde matancero en otros caciques partidarios. Ahora, Espinoza depende de la negativa explícita de Scioli a ocupar ese cargo, opción que en principio parecía una pose del gobernador, pero luego se convirtió en un hecho cierto: más allá del rol que le toque jugar al final, Scioli no quiere presidir el PJ bonaerense aunque pretende incidir sobre quién se sentará en la butaca mayor peronista bonaerense.

•La resistencia personal de Scioli, que nunca lo asumirá en esos términos, se vincula con dos elementos. Por un lado, aparecer enroscado en una cuestión partidaria de entrecasa que puede, además, terminar judicializada y objetada luego del proceso electoral. En estos días y durante las próximas semanas, el gobernador estará con un solo asunto en su agenda: la aprobación del Presupuesto bonaerense donde necesita de los votos massistas aunque Sergio Massa avisó que no acompañará el endeudamiento (ver Ámbito Nacional). Por el otro, porque las aparición de una lista opositora es de impacto incierto. Parece un hecho que Jesús Cariglino se replegaría en el PJ de su distrito, Malvinas Argentinas, por lo cual el único rival sería Mario Ishii que promete juntar detrás suyo al massismo, sectores PJ que jugaron con Francisco de Narváez -en particular lo sindical- y espera sumar a espacio del FpV. Además, si Ishii brota como competidor y Scioli es candidato, Sergio Massa jugará fuerte en la interna. En ese contexto, el gobernador sólo puede encabezar una boleta que gane por demolición, cualquier otro resultado sería dañino para su proyección presidencial.

Ante eso, la hipótesis que brotó en las últimas horas, pero que ya había sido analizada una semana atrás, es que Scioli no tenga más opción que aceptar encabezar la lista para evitar un enfrentamiento entre los intendentes, pero que lo haga como una especie de testimonial: encabezar la boleta, pero con la decisión de luego pedir licencia para que el partido quede en manos de una mesa chica que coordine el PJ bonaerense. Desde este mediodía habrá varios encuentros para orientar la discusión sobre la presidencia y, a nivel seccional, para redondear las listas de consejeros. Mañana, la Junta Electoral estará activa todo el día.

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