Joaquín Furriel: “Me costó despegarme de los clásicos”

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Reflexivo, de bajo perfil mediático pese a su destacada trayectoria televisiva en tiras como «Montecristo», «Don Juan y su bella dama» y «Caín y Abel», Joaquín Furriel goza de una merecida fama de «buen tipo», calificativo que en el ambiente artístico porteño es también sinónimo de «persona normal» (alguien que mantiene la cordura sin dejarse atrapar por los espejismos de la fama). Este año no hará televisión para dedicarse de lleno a «Lluvia constante», «thriller» de Keith Huff que llegó a Broadway con el protagónico de Hugh Jackman («X-Men») y Daniel Craig («James Bond») y que se estrenará el próximo jueves, en la Sala Pablo Neruda del Paseo La Plaza, bajo la dirección de Javier Daulte.

La obra reúne a dos policías, Rodo y Dani (este último encarnado por Rodrigo de la Serna), ambos unidos por una amistad nacida en la infancia, hasta que un trágico error en el ejercicio de sus tareas altera definitivamente sus vidas. Dialogamos con él:

Periodista: Un crítico norteamericano dijo que pasan tantas cosas en la obra que podrían llenar una temporada de la serie «La ley y el orden».

Joaquín Furriel: Puede ser. Por la información que circula algunos me han dicho que parece un thriller; para mí es un thriller emocional.

P.: ¿Un thriller emocional?

J.F.: Sí, por definirla de alguna manera. Cuando ensayábamos «La vida es sueño», Calixto Bieito nos decía que era un thriller filosófico. En «Lluvia constante» hay mucha acción, con momentos tarantinescos y un ritmo vertiginoso donde conviven tiempos y espacios diferentes y una gran multiplicidad de situaciones y emociones. Son 90 minutos en los que les pasa de todo, sin pausa ni retorno y además sus personajes se hacen querer. Es mejor no revelar más detalles.

P.: ¿Usted interpreta al policía introvertido y solitario que tiene problemas con el alcohol, o al policía casado y con hijos, algo matón, racista e infiel a su mujer?

J.F.: Yo soy el soltero y Rodrigo De la Serna el policía casado. Son como hermanos, se conocen de toda la vida y hay algo de maltrato de uno hacia otro. Pero no es que uno sea bueno y el otro malo. Justamente, el atractivo de la obra tiene que ver con que los dos están llenos de complejidades y la relación misma tiene muchas capas y contradicciones. No se los puede juzgar desde lo moral. En este sentido es una obra muy contemporánea, porque cada vez que queremos entender lo que pasa desde un costado moral, casi siempre nos equivocamos.

P.: Usted viene de hacer varios clásicos ¿Qué lo atrajo de esta obra?

J.F.: Al principio no tuve mucha empatía con el material. Tal vez porque el productor Pablo Kompel me la acercó a una semana de estrenar «La vida es sueño» en el Teatro San Martín. No me resultó fácil acomodarme a un texto tan contemporáneo después de haber hecho una seguidilla de clásicos como «Rey Lear» junto a Alfredo Alcón, o grandes clásicos argentinos como «El reñidero», «Un guapo del 900» o «La malasangre». Esta es mi primera obra contemporánea.

P.: ¿La chapa de buen actor le llegó con «La vida es sueño»?

J.F.: Algo de eso hay; pero muchos ya habían percibido que yo venía haciendo un recorrido paralelo en el teatro, casi en contrapunto de lo que venía haciendo en televisión, donde no me especialicé en programas de carácter artístico, sino en programas muy populares que es lo que me gusta de ese espacio. Pero en teatro me propuse acercarme a personajes de dimensiones más trascendentes y a héroes trágicos que siempre quise hacer.

P.: Y entonces audicionó para Bieito...

J.F.: Para mí fue un gran orgullo haber pasado por una audición con actores de lo más heterogéneos y ante un director que no conocía a nadie de los que se presentaron. Recuerdo que una noche fuimos a cenar después de un ensayo y me comentó muy sorprendido: «¡Cómo te saluda la gente en la calle! Se ve que eres muy popular». Sí -le dije- es porque hice mucha televisión. Que yo haya podido comunicar un texto de 1635 -y en verso- ante un público que por momentos susurraba partes de mi monólogo principal, fue la señal de que había elegido bien mi camino. Ahora me gustaría poder hacer alguna obra de Arthur Miller, ONeill, Camus... y algún otro Shakespeare.

P.: Su papel de Segismundo fue muy exigido...

J.F.: Sí eran dos horas y media de un gran compromiso físico y emocional. Para mí este tipo de trabajo actoral tiene algo de deporte de elite.

P.: ¿Qué hace para mantenerse en forma?

J.F.: Corro, hago natación, complemento de pesas y elongación.

P.: ¿Ahora también tiene mucho desgaste físico?

J.F.: Fíjese que curioso. En «Lluvia constante» hago lo opuesto a lo que hacía en «La vida es sueño». Me resulta raro y a mi cuerpo también. Mi personaje es el que ambienta la historia y va contando como fueron los hechos. Pero el que le pone el cuerpo es el personaje de Rodrigo. Recién me di cuenta de eso la semana pasada, después del primer general. Cuando me fui a cambiar ni siquiera necesité darme un baño. En cambio, el año pasado, para poder sostener las dos horas y media de función me comía un plato de pastas y después me tenía que dar una ducha de 10 minutos para sacarme las piedras, la sangre y todo lo que se me quedaba pegado. Me gusta este contraste, lo estoy disfrutando.

P.: ¿A qué alude el título «Lluvia constante»?

J.R.: La lluvia es un elemento muy importante que desencadena varios conflictos. Desde el momento que empieza a llover ocurren cosas que no hubieran pasado de no haber llovido.

Entrevista de Patricia Espinosa

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