28 de diciembre 2012 - 00:00

JORGE NAVARRO: “El jazz no puede ser masivo”

El piano que le legó su amigo Baby López Furst recibe al visitante de la casa de Jorge Navarro, en Pilar. Pocos pasos después, ya en el estudio del músico, copa el ambiente una inmensa cantidad de fotos de los históricos del jazz, discos y premios. Con simpatía y verborragia, el pianista dialogó con Viernes

JORGE NAVARRO: “El jazz no puede ser masivo”
Viernes: ¿Cómo sintió el llamado a la religión del jazz?

Jorge Navarro:
Cuando tenía doce años y mi hermano veinte, escuché algo de jazz y nunca volví a sentir algo así, como un rayo. Mi hermano se dio cuenta y a los días se aparece con cinco discos de pasta, uno de ellos, de Buddy DeFranco. En el año ochenta, (a sus cuarenta) me llama alguien que me dijo que iba a traer a DeFranco al país y que quería que toque con él. Cuando llega, nos pregunta qué queremos tocar. Se dio cuenta cómo estábamos, impactados. Quiso tranquilizarnos. Para nosotros era un semidios. 

V.: ¿Es difícil montar una big band en la Argentina, un país en el que el trabajo en equipo cuesta bastante?

J. N.:
Hace 5 o 6 años yo pensé: si me llaman para hacer una big band, a esta altura de mi vida, yo quiero hacerla bien. Viví muchos años en Estados Unidos, vi muchas y tienen mucha disciplina. Todos tienen sus atriles, con el nombre del director de la banda, todos están bien vestidos, iguales. Exigí eso y así fue que hicimos un homenaje a las big bands de antes en el Teatro del Globo. Ante mi gran asombro tuvo un éxito tremendo, llenábamos el teatro. Los músicos de jazz no estamos acostumbrados a tocar para grandes masas, sino en clubes, boliches de 60 a 100 personas. A los dos años, me llama otro loco y me dice: '¿Navarro, te animás a hacer otra big band?'. Pedí lo mismo (trajes, luces) y se volvió a hacer, esta vez en un lugar de la calle Moreno. Lo que me dejó a mí la big band fue una experiencia fantástica. En la primera yo llamé a la camada de grandes músicos de mi generación: Hugo Pierre, Enrique Varela, Oscar Tissera, Granata, Serrano, todos tipos que yo sabía que iban a rendir. Para la segunda convoqué a los chicos de ahora: Cavalli, Domínguez, Richard Nant, Juan Cruz de Urquiza, que ahora están entre los 30 y los 50. Esta banda joven también funcionó muy bien. 

V.: ¿Cómo lo encontró la renovación en el jazz local?

J. N.:
Yo me fui del país en el setenta, con un grupo de acá, bastante comercial, de show. Hacíamos giras por Centroamérica, nos vio un empresario norteamericano y nos llevó a Estados Unidos. Ahí estuve viviendo y haciendo giras siete años. Cuando vuelvo, a mis cuarenta años, seguía siendo uno de los jóvenes músicos de jazz, porque no habían aparecido otros. De pronto, en los años ochenta, empieza a aparecer una camada de jóvenes músicos que, experimentando con el rock, se dan cuenta de que no les alcanza. Entonces se empiezan a volcar al jazz, a estudiar el jazz. 

V.: ¿Quiénes le gustan? 

J. N.: Juan Cruz de Urquiza, Jodos, Ricardo Cavalli, Hernán Jacinto, Francisco Lo Vuolo, Andrés Beeuwsaert... Tienen la ventaja sobre mi generación que ellos ya viajaban a Estados Unidos, a Berkeley o se hacían traer los libros. Lo que yo tardé diez años en aprender, ahora te lo enseñan en seis meses. 

V.: ¿Qué recuerdos guarda de La Banda Elástica?

J. N.:
Fue lo más comercial que hice en mi vida y lo único que me hizo ganar un poco de plata. Fue una experiencia fantástica para mí, el proyecto menos artístico aunque tenía jazz también, con un enfoque diferente. Al principio éramos seis tipos que sonaban bien, pero nada más. Tuvimos la perseverancia de seguir y un día se colocó. No tocamos diferente pero, por alguna razón, terminamos de tocar y dijimos: 'Esto era lo que faltaba'. Todo el mundo empezó a mostrar sus habilidades y había varias cosas que cada uno podía hacer. Era todo muy estudiado pero parecía descontracturado. Eso lo aprendimos todos de Ernesto Acher, que venía de veinte años de Les Luthiers. Fueron años de mucho laburo, de mucho éxito. Yo no había conocido eso, era el éxito de Doña Rosa. Tuvimos la mala suerte que nos agarró la época de la hiperinflación y el grupo tuvo que disolverse. 

V.: Cuente cuando se le apoyó Ella Fitzgerald en el piano...

J. N.:
Ella Fitzgerald fue la más grande cantante de jazz de la historia. Esta mujer vino a la Argentina cuando yo tenía 19 años y vino al boliche donde yo estaba tocando. Yo no la había visto, levanto los ojos y la tengo apoyada en el piano cantando conmigo. Había venido a cantar al Ópera con su banda y vino todas las noches a cantar conmigo. Me quiso llevar a Estados Unidos, me llamó a la mesa y la secretaria me dijo que quería que le diera todos mis datos para que vaya a trabajar allá. Me asusté, no se qué me pasó y no hice nada. No me arrepiento, uno nunca sabe qué hubiera pasado. Eso fue en el año sesenta, y se decía que el dueño del boliche (Jamaica, un boliche de coperas, ni siquiera de jazz) tenía un Geloso escondido debajo de la caja. Un Geloso era un grabador de cinta abierta. Veinte años después, yo estoy tocando en un boliche en el centro, y se aparece el dueño, como de ochenta años, con su nieto. Mete la mano en el bolsillo, saca un casete y me dice: 'Èsta es la noche que cantaste con Fitzgerald'. 

V.: ¿Con qué otro grande del género pudo cruzarse?

J. N.:
Un día conocí a Count Basie. Ahí confirmé que cuanta más grandeza musical, mayor humildad. Yo estaba tocando cerca de Las Vegas y ellos vienen a hacer una fiesta en el hotel. Cuando paso por el bar, al lado de las cabinas telefónicas, estaba él esperando para hablar por teléfono. Lo saludo, le digo 'soy músico' y fue la palabra mágica. En vez de preguntarle yo a él, me empezó a preguntar él a mí. Me dijo: 'Yo les voy a reservar una mesa al lado del escenario'. La gente que lo había contratado, idiotas con plata, no sabían ni lo que tenían ahí. Yo no lo podía creer. Él nos mira y nos hace un gesto como diciendo: 'Esto va para ustedes, me cago en estos boludos'. Y estallamos en un alarido. 

V.: ¿Cree que se puede popularizar el jazz en la Argentina?

J. N.:
No, no se popularizó en ningún lugar del mundo. La música puede ser popular porque la gente quiere bailar con ella. No sé si popular, pero el jazz no puede ser masivo. De casualidad un músico de jazz llena un Gran Rex, un Coliseo... Otra cosa es que el jazz no tiene ídolos. Si los hubo es por su vida, porque fueron drogadictos o porque han muerto, pero no por haber sido ídolos populares. Los músicos más masivos que tuvo el jazz fueron Louis Armstrong y Miles Davis

V.: Pero tocó en el Colón, que no es muy popular pero es importante...

J. N.:
Para mí eso fue uno de los hitos de mi vida. Antes de que lo cierren por las refacciones del Bicentenario, hicimos dos funciones a sala llena en el Teatro Colón. Llegar a tocar ahí, de grande ya, fue muy fuerte. Jamás me imaginé arriba de ese escenario. Cuando nos presentan, se abre el telón y vi eso, las piernas me parecían un flan.

V.: ¿A Nueva York no hay con qué darle?

J. N.:
Es el epicentro de tantas cosas... Yo he sido tentando muchas veces y he sentido la tentación. Tengo muchos amigos que han ido y les fue muy bien, y otros que no. 

V.: ¿Le gusta el Festival Buenos Aires Jazz?

J. N.:
Sí, yo toqué tres veces allí. Pasa que no se puede tocar todo el tiempo porque tratan de que vayan todos. Yo prefiero que le den oportunidad a los nuevos. 

V.: ¿Cómo ve las políticas culturales tanto a nivel Ciudad como Nación?

J. N.:
No las veo. No tengo la menor idea. A mí me contratan de Cultura de la Ciudad y de la Nación, y siempre me pagan. Respecto de la Ley de Música, supongo que es buena. No sé cómo se va a aplicar.

V.: ¿Qué opina de los músicos que manifestaron su compromiso con el kirchnerismo o con la política?

J. N.:
Jamás podría mezclar la música con la política; para la política están los políticos y para los mensajes están los poetas. No creo en los mensajes de las canciones. Nadie ha cambiado el mundo a través de una canción. Los músicos tienen que tocar y dejarse de joder. Por lo menos yo expreso mis ideas tocando.



@GuadaRivero



BIO



Buenos Aires, 1940.



Estudió en: Escuela Adolfo Alsina (primaria), Comercial San Martín (secundaria).



Está leyendo: No soy un gran lector.



¿Tony Bennett o Miles Davis?: Ambos.



Próximos conciertos: Debuta el 2 febrero en La Biblioteca Café. Cada sábado, un invitado: Luis Salinas, Gustavo Bergalli, Belén Pérez Muñiz y Lidia Barboza. En mayo, con Chico Novarro, en Clásica y Moderna: Novarro+Navarro.