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Kirchner: debut entre gendarmes y maestros
Néstor Kirchner se mostró ayer en Moreno con Daniel Scioli y el alcalde local, Andrés Arregui. Ahí siguió su batalla con el campo al que acusó de sostener una «cantinela destituyente».
Signo de los tiempos, el patagónico debutará entre maestros y gendarmes. Estrujó la caja para sobregirar fondos a La Plata para pactar con los gremios educativos y cancelar, al menos hasta después de las elecciones, la amenaza de más paros en las escuelas.
Un segundo torniquete de las cuentas fiscales será para conformar un fondo destinado a equipamiento y armamento de la Policía Bonaerense. Además, desde Olivos, se prometerá la semimilitarización del conurbano con el despliegue de 900 gendarmes y prefectos.
Doble impacto. No hay campaña posible con las escuelas cerradas; tampoco sin un gesto, siquiera simulado, de intervención de la Casa Rosada ante la escalada delictiva en Buenos Aires, monotema del principal opositor, Francisco de Narváez.
En Olivos, las contemplaciones hacia el empresario comienzan a desvanecerse. Siempre, Kirchner prefirió como enemigo a un Macri que a una Carrió pero la proyección de De Narváez, más el poder centrífugo de la marca Macri y el aporte de Felipe Solá, borró varias sonrisas.
Hay dos alquimias en gestación. Una involucra a Julio Cobos. Un modo, creen en el búnker K, de apagar la polarización entre Kirchner y De Narváez-Solá es que el mendocino irrumpa en la campaña bonaerense con la Coalición Cívica (CC) de Margarita Stolbizer.
¿Lo toreará Kirchner para que el vice se exponga en Buenos Aires y reavive las chances de la CC? Cobos, al trío de intendentes que lo escoltan, les dio un mandato: «Lo único que me importa es que pierda Kirchner en la provincia. Para colaborar con eso, cuenten conmigo».
Otra se insinuará la semana próxima cuando una comparsa del PRO disidente corte Avenida de Mayo, en la Jefatura del Gobierno porteño, con un show marketinero: escobas y potes del producto Procenex para «limpiar» el partido de duhaldismo.
Subdato: Jorge Macri salió de su encierro. En persona, De Narváez suplicó ayer que se le dé un lugar en la lista de diputados al primo.
Mauricio recibió a Jorge ayer a las 16. Un rato después, apenas se sopló la novedad, Gabriela Michetti hizo sonar el timbre: indomable, notificó su aireada disconformidad con la posible inclusión del otro Macri en las boletas de PRO. Final abierto.
Testeos
Otro que romperá su ostracismo será Sergio Massa. Su salida se comenta cada día más, tanto como la candidatura de Kirchner. A esa fuga se le pone como fecha el 29 de junio, para que su salida quede opacada por una victoria K que en Olivos pocos ponen en duda. Hasta se le atribuye al propio funcionario armar ayer esa presunción en dos diarios porteños.
El dato menos conocido de ese episodio es que brotó con intensidad, y como suceso inminente, el lunes pasado y se propagó desde la City. ¿Mandó Kirchner a calcular qué efecto podría tener la salida del jefe de Gabinete?
Lo curioso es que el lunes, cuando sonó su renuncia, Massa regresó a Olivos citado por Kirchner para discutir de política. Se despabiló: Massa pasaba sus días en asuntos menores como vetar el viaje de un funcionario que iba a Europa por 24 horas y pidió 35 mil dólares de viáticos.
Fue el segundo sacudón ministerial en 10 días. La versión de la caída de Massa fue precedida por una novela en el círculo tortuoso que conforman Graciela Ocaña, Juan Rinaldi, Hugo Moyano y Néstor Kirchner.
Harto, como un piquetero solitario, Rinaldi, jefe de la Superintendencia de Seguros de Salud (SSS), puso sobre la mesa de Ocaña su renuncia si se aceptaba la nómina de consejeros que «maileó» Moyano para integrar el Consejo Consultivo de «la Súper».
«Si él se va, me voy yo», retransmitió Ocaña, muy discretamente, sólo de palabra, pero con el suficiente volumen como para que lo escuche quien debía escucharlo: Kirchner. Ganó el round: el patagónico le pidió mesura a Moyano en sus embestidas contra la ministra.


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