2 de junio 2010 - 00:00

KIRCHNER ENSEÑA CÓMO GOBERNAR CON CONGRESO EN CONTRA

Néstor Kirchner pasará el día en Asunción del Paraguay con una misión inesperada para un peronista estrella: enseñarle, si puede, al presidente Fernando Lugo cómo conducirse con un vicepresidente que se pasó a la oposición en ejercicio del cargo, y cómo gobernar con el Congreso en contra, una expertise que ha improvisado el kirchnerismo para manejarse con la nueva integración del Congreso argentino desde el 10 de diciembre.

Acompañado por el multiasesor Juan Manuel Abal Medina -el mejor discípulo de uno de los vicepresidentes más revoltosos de la historia criolla, Chacho Álvarez-, Kirchner cumplirá con el primer viaje como secretario de la Unasur a países de la región. Dejó de lado las opulentas playas de Punta Cana -en donde sesiona en estas horas una cumbre en ayuda de Haití- enojado por la presencia del hondureño Porfirio Lobo, a quien cree salido de un golpe de la misma estética que cree ver en la que califica de oposición destituyente de la Argentina. Para evitarse el mal trago, prefirió atender al pedido que le hizo el obispo-presidente cuando estuvo en Buenos Aires para la fiesta del Bicentenario.

Lugo, como Cristina de Kirchner con Julio Cobos, y antes Arturo Frondizi con Alejandro Gómez y otros antecedentes de vices con relación odiosa con sus presidentes (también Víctor Martínez con Raúl Alfonsín, aunque más larvadamente), tiene como su principal adversario a su compañero de fórmula Luis Federico Franco Gómez, de quien teme en cualquier momento un golpe de mano para obligarlo a una entrega adelantada del poder.

Alimenta ese pánico -que Lugo ha transmitido a los Kirchner y a otros presidentes de la región- el hecho de ser minoría en las dos cámaras del Congreso, aunque la oposición no tiene los votos necesarios para un impeachment.

Cada vez que Cristina de Kirchner ha recibido a sus colegas de otros países, planteó un problema de baja visibilidad para la Argentina: la posibilidad de desmembramientos territoriales (Bolivia) o de golpes de Estado a la hondureña (Paraguay). Ha sido tema, por ejemplo, de las charlas que tuvo en Buenos Aires con Hillary Clinton, que se extrañó por tan extravagantes preocupaciones.

Claro que señalar esos peligros alimenta el argumento doméstico de que la oposición tiene gestos «destituyentes» en todo el arco que el Gobierno identifica como fuerzas enemigas, que van del peronismo disidente a la izquierda loca, el conservadorismo macrista, la prensa no complaciente, etcétera.

Tiene para asustarse Lugo de lo que le toca vivir en un país violento, de escasa tradición democrática y que sigue como modelo a la Argentina. Eso explica los viajes discretos del vicepresidente Franco a Buenos Aires a entrevistarse con dirigentes opositores para que le explicasen el caso Cobos. Intentó sacarle algo a Daniel Scioli, llevado por esa fantasía que dice que vive peleado con Kirchner, cuando es difícil imaginar una asociación política más firme, alimentada justamente por las leyendas de disidencias, que nunca son más graves que las que caracterizan a la odiosa convivencia entre peronistas.

Lugo sigue sujeto al prejuicio de que puede no terminar su mandato -mito que amenazó a Cristina de Kirchner en los dos primeros años de su Gobierno, pero que se ha disipado-. Se sostiene, pese al Congreso en contra, porque sigue manteniendo un respaldo popular, no el que tuvo al asumir -como a todos les pasa-, que frena las tentaciones de los legisladores de mandarlo a la casa. Y eso que han tenido pretextos, el más importante la carrada de hijos que le van apareciendo a este cariñoso ex obispo que hace culto al amor cristiano y al carnal, que es más entretenido.

Lo principal que lleva Kirchner como tecnología de exportación es cómo convivir con un Congreso en contra que impide que los proyectos del Poder Ejecutivo tengan alguna andadura legislativa. El Gobierno festejaba la capacidad de impedirle a la oposición que maneje las sesiones, pero desde el 10 de diciembre ha perdido todas las votaciones de proyectos propios, salvo las designaciones de Mercedes Marcó del Pont en el Banco Central y de Patricia Vaca Narvaja como embajadora en México. Ha querido vestirse con ropaje prestado para festejar como propios proyectos ajenos, como el uso de reservas o el matrimonio gay, pero son iniciativas de sectores opositores (Carlos Verna, Vilma Ibarra, respectivamente).

Los triunfos que puede lucir es haber frenado la mayoría de las iniciativas que había prometido la oposición durante la campaña, pese a que se hizo con la mayoría de las comisiones y las autoridades en las dos cámaras. Esto le encanta a Lugo y quiere saber cómo lograrlo, aunque signifique replicar lo que pasa en la Argentina, que tiene un Congreso empatado y paralizado.

Kirchner cumplirá con reunirse a solas con Lugo, después con su gabinete, y mantendrá -para no quebrar la diplomacia a que lo obliga su cargo de secretario de la Unasur- una reunión con el opositor presidente del Congreso.

Esta primera salida de Kirchner por la cintura cósmica del Sur es parte de un plan de visitar a todos los presidentes que integran la Unasur, con el objeto de armar una agenda que le dé encarnadura al nuevo puesto. También para eso integró un equipo con dos asesores únicos y ad honorem (cobran salarios por otras funciones en el Gobierno de su esposa): Abal Medina -que estará hoy en Asunción con él- y Rafael Follonier, uno de los coordinadores del área presidencial encargado de las relaciones con la América morena, y también los piqueteros argentinos de todos los colores.

Quiere darle vuelo al cargo Kirchner para mostrarse en fotos por el mundo y con grandes y pequeños mandatarios, algo que cree le mejorará la imagen interna. Se ha enterado de la encuesta que hizo Lula da Silva en Brasil, que dice que el 48% de la gente no sabe qué hace como presidente, pero que un 46% se acuerda de sus fotos por el mundo.

Hacia dentro quiere darle pompa y circunstancia a su silla en Unasur: para eso, la instalará en un palacete estilo francés, de los más bellos del centro porteño, que diseñó el arquitecto Juan Antonio Buschiazzo. Está en la esquina de Juncal y Carlos Pellegrini y albergó durante años al Consejo Supremo de las Fuerzas Armadas. Con la reforma del Código de Justicia Militar ese órgano quedó devaluado y los uniformados fueron desalojados. El Gobierno mandó restaurarlo -y exorcizarlo, quizás, porque allí se dictaron y avalaron las amnistías a militares cuando terminaba el último turno castrense- para que Kirchner, Abal Medina y Follonier monten sus oficinas con el fasto que requiere tan alto cargo como es la secretaría de la Unasur.

Esta instalación evoca otra de la cual Lugo le podrá contar algo a Kirchner hoy en Asunción: Paraguay entregó al Tribunal de Justicia del Mercosur un palacio que tuvo el Ejército de ese país durante la dictadura de Alfredo Stroessner en cuyos sótanos funcionaron las mazmorras en las que se torturaba a los opositores. Cuando Kirchner haga pasear a sus invitados por el palacio de Juncal y Pellegrini, les recordará que allí se avalaban las atrocidades del otro régimen, como hoy Hebe de Bonafini da clases de cocina socialista para la mujer moderna entre las paredes de lo que fue la ESMA.