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Kleist: el temor de un príncipe
Oscar Barney Finn estrena mañana «El príncipe de Homburg», de Heinrich von Kleist, con Daniel Di Biase y María Comesaña.
Esta obra es la que Barney Finn llevará a escena a partir de mañana en el Centro Cultural de la Cooperación, con un elenco encabezado por Daniel Di Biase, María Comesaña, Mariano Mazzei y Esmeralda Mitre. En paralelo prepara su regreso al cine -luego de más de una década de alejamiento- con un film de coproducción chilena, «sobre las mujeres del poeta Pablo Neruda». También está trabajando en una versión de «Mucho ruido y pocas nueces» de Shakespeare (para el Teatro San Martín) ambientada en el campo argentino durante la Campaña del Desierto, cuyo estreno está previsto para enero de 2010, con el protagónico de Eugenia Tobal y Sergio Surraco. Dialogamos con él:
Periodista: ¿Con tanta producción, le queda algún tiempo de ocio?
Oscar Barney Finn: No, y todavía tengo que terminar de escribir el libro sobre Daniel Tinayre que me encargó Manuel Antín para una colección que recorrerá la historia del cine argentino.
P.: ¿Qué lo atrajo de «El Príncipe Homburg?
O.B.F.: Es algo que arrastro desde la adolescencia. Siempre quise ver a Gérard Philipe interpretando este papel, que era su caballito de batalla, pero cuando llegué a París con una beca de estudio, él ya había muerto. Igual pude ver muchas imágenes de aquella puesta que dirigió Jean Vilar y en la que también trabajó Jeanne Moreau. Von Kleist dejó escritas varias piezas dramáticas que recién fueron valoradas en el siglo XX. En los años 70' se hizo una nueva versión de «El príncipe...», con Bruno Ganz, dirigida por Peter Stein, y Eric Rohmer llevó al cine «La Marquesa de O», basada en uno de sus cuentos. Von Kleist era un muy buen narrador, fundó un diario y creó varias revistas literarias de corta duración.
P.: También tuvo una vida novelesca...
O.B.F.: Le tocó vivir en Alemania, en plena invasión napoleónica, pero su ideología no fue comprendida. Aunque hizo lo imposible por consolidar una identidad nacional, ni siquiera logró convencer a sus compatriotas de hacer un frente común contra el invasor. Siempre hubo una distancia muy grande entre sus aspiraciones e ideales y sus logros concretos. Desde que abandonó asqueado y con el grado de teniente la carrera militar, acumuló en todos los campos infortunios y desilusiones que terminaron arruinando su vida personal y profesional, su economía y su salud mental. En 1810, un año antes de su suicidio concibió, en plena crisis, «El príncipe de Homburg». Se trata de un oficial que gana la batalla de Feberllin (episodio inspirado en la Guerra de los 30 años) y se convierte en un héroe, pero luego es condenado a muerte por no acatar las leyes militares. Ante lo inevitable el héroe se derrumba y pide clemencia. Luego decide aceptar su muerte como camino a la inmortalidad.
P.: El personaje parece un alter ego de su autor.
O.B.F.: Por eso me interesó conocer al individuo mismo. Esta obra fue escrita por un hombre de personalidad esquizofrénica, muy inestable, que se enrola en un romanticismo puro del que Goethe y Schiller ya se habían alejado. Von Kleist en cambio no lo abandona nunca, persiste en esa búsqueda de la muerte. Era un hombre que tendía al desequilibrio, con una vida privada rodeada de misterio.
P.: ¿A qué misterio se refiere?
O.B.F.: A que no tenía muy definida su vida sexual y esto era algo inadmisible en su época. Él de pronto desaparecía de la vida normal y cotidiana o se iba de viaje con determinados amigos. En algún lugar leí que tuvo una relación con el naturalista Alexander von Humboldt. Este es un costado bastante risqué, y más para un militar que abandonó el ejército con el grado de teniente.
P.: ¿En qué condiciones se suicida?
O.B.F.: Convence a una amiga que tenía un cáncer terminal de que se suicide con él y luego planea un minucioso operativo a las orillas de un lago. Primero le dispara a su amiga en el pecho y a continuación introduce el arma en su boca y se salta la tapa de los sesos.
P.: Un final digno de un personaje romántico...
O.B.F.: Sí. Tanto él como su personaje comparten esa actitud extremista ante la vida y la misma rebeldía ante la autoridad.
P.: ¿Introdujo algún cambio en esta versión?
O.B.F.: Inserté algunos pasajes de Shakespeare, Koltés, Camus y especialmente de Brecht, que es autor de un poema muy crítico sobre este personaje. Son estos textos que amplían esta reflexión sobre la muerte, la heroicidad, la inutilidad de la guerra y sobre los miedos de todo ser humano, no sólo los del príncipe de Homburg.
Entrevista de
Patricia Espinosa


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