Hace un tiempo que venía jugando con la posibilidad de abandonar el poder o continuar luchando por él. El problema era que, en caso de retirarse, le quedaba alguna chance de pasar a la historia conservando tal vez algún laurel por sus medidas más populistas, mientras que si seguía dirigiendo el país -y el partido-, enfrentaba el serio riesgo de tener que hacerse cargo por sus acciones, en el momento en que eventualmente la realidad se hiciera presente con todas sus fuerzas y la suerte dejara de acompañarlo. Finalmente, ayer a la tarde quedó claro que su ambición podía más que la razón (no podemos olvidar la carta de Lord Acton de 1887 cuando alertó: El poder tiende a corromper, y el poder absoluto corrompe absolutamente). Es así como Yorgos Papandréu, el primer ministro griego, consiguió articular el apoyo para seguir presidiendo su país y aprobar algunos de los planes de recorte que le exigen sus potenciales prestamistas. De no mediar ninguna gran sorpresa, esto significa que Grecia prácticamente tiene asegurados los 12.000 millones de euros que necesita para cubrir los vencimientos de su deuda hasta septiembre de este año. De ahí en más, nada está dicho ni asegurado. Obviamente, ésta es una buena noticia, aunque es evidente que no significa el final de la historieta griega. En la medida que la votación del Parlamento griego se dio luego del cierre de las principales Bolsas, no es razonable vincular la suba de las acciones de manera directa con ese hecho, aunque no podemos descartar su valor en cuanto expectativa. El verdadero peso lo veremos hoy, ya sea marcando una quinta jornada consecutiva de suba para las acciones norteamericanas luego del 0,91% que ganó ayer el Dow al cerrar en 12.190,01 puntos, o retirándose nuevamente hacia la zona de los 12 k. Sin importar la motivación detrás, la decisión política de ayer ojalá que haya sido la correcta.
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