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La Antártida vista por un artista

«Antártida- Los colores del desierto frío» es la concreción de un proyecto que surgió cuando Marcelo Gurruchaga sacaba fotos en la Isla de los Estados, la misma que inspiró la novela «El faro del fin del mundo» de Julio Verne. Divisó entonces el Sur y, como esos viajeros que en los siglos pasados iban en pos de nuevos horizontes y nuevas emociones, comenzó a programar sus viajes a la Antártida.
Por un lado, lo atraían las historias de las catástrofes y naufragios que padecieron los aventureros y científicos que desafiaron ese clima extremo. Descubierto en 1603, por Gabriel de Castilla, el inmenso territorio blanco permaneció durante siglos en el misterio. Ávidos de nuevas zonas de caza para explotar, llegaban allí tan sólo balleneros y foqueros que mantenían en secreto sus viajes. Luego se sumaron las misiones de exploración y expedición científicas, también guiadas por la ambición de enormes ganancias.
Por otro lado, el fotógrafo pensaba en la dimensión inconmensurable de ese territorio que parece una abstracción y que le prometía imágenes incomparables. En el año 2006, se embarcó finalmente en el rompehielos Almirante Irízar de la Armada argentina, cruzó el mítico Pasaje Drake, y al igual que los intrépidos navegantes de antaño, descubrió de repente el esplendor y la furia, cuando vio la proa del rompehielos montada sobre las olas y luego la miró caer con ensordecedor estrépito sobre el mar.
Al llegar, en el mágico aislamiento de esas comarcas conoció los deslumbrantes colores de la Antártida, que cambian minuto a minuto, de tal modo que las fotografías no alcanzan a representan la grandiosa dimensión cromática que ofrece ese continente.
El libro lleva a evocar el cortejo de los pintores románticos como el alemán Caspar David Friedrich o el inglés Turner con la naturaleza, la búsqueda de la belleza sublime que habita en la lejanía, en los lugares más remotos del mundo. En suma, se trata de un tipo de belleza que el cineasta Werner Herzog, también autor de asombrosas hazañas, anuncia que ha desaparecido, cuando dice: «El simple hecho es que quedan muy pocas imágenes. (.) Uno tiene que buscar a través de este paisaje devastado para encontrar algo. Esto va asociado a un riesgo, por supuesto. (.) Necesitamos imágenes en sintonía con nuestra civilización, imágenes que resuenen con lo que tenemos en lo más profundo de nuestro ser. (.) Aquí no queda nada, hay que buscar realmente. (.) Iría a cualquier sitio por eso.»
A.M.Q.


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