5 de noviembre 2010 - 00:00

La apuesta es repetir la historia, no que mejore

La apuesta es repetir la historia, no que mejore
Allá lejos y hace mucho tiempo -dentro de poco será muchísimo-, cuando hacíamos nuestros primeros pinitos en el mercado, JBP, uno de nuestros grandes maestros (el otro es CP, a quien podemos agregar RMD y EF) nos describía el mercado bursátil como una especie de barómetro/termómetro de la economía (seguramente de ladino no nos decía que esa descripción la acuñó Charles Dow en uno de sus comentarios de fines del siglo XIX). La figura es buena; el problema es que, como con el clima, salvo en circunstancias normales (es decir: excepcionales) no basta con uno o con dos de esos instrumentos para predecir lo que va a suceder. Durante la rueda de ayer el Dow trepó el 1,96% a 11.434,84 puntos, cerrando en el máximo desde septiembre de 2008 (justo antes de la debacle de Lehman Brothers). Una lectura lineal de las cosas concluiría, como la mayor parte de los comentarios -bursátiles- de hoy, que esto refleja la confianza de los inversores en que el QE2 (el plan de emisión que anuncio el miércoles la Fed) será exitoso y reimpulsará la economía norteamericana reduciendo el desempleo y demás males. Pero así como la atmósfera tiene varias (tres) dimensiones, lo que complica cualquier análisis, la realidad tiene muchas más. En este sentido lo más interesante de la última jornada no pasó porque la tasa de los treasuries a dos y cinco años quedaran en sus mínimos históricos, ni por el 0,82% que perdió el dólar frente a las principales monedas (mínimo desde el 7 de diciembre de 2010), o el más del 2% que subió en promedio el precio de los commodities (máximo desde el 9 de octubre de 2008), sino por el 3,41% en que se incrementó el precio del oro marcando un nuevo récord en u$s 1.382,7 por onza (gana más del 26% en el año) y el que todas las emisiones de bonos indexados (TIPS) hasta 2017 estén pagando una tasa negativa. Más que a la recuperación, a lo que se juega el sector financiero parece ser entonces a que la historia se repita y dentro de no demasiado tiempo Bernanke -consciente de que en el frente político, con el nuevo Congreso, es improbable que surja alguna medida de estímulo y que por lo tanto toda la responsabilidad está sobre su espalda- nos anuncie el QE3.

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