Un partidario del Gobierno de facto se manifiesta en la plaza Morazán y sostiene un cartel destinado a los medios extranjeros. Allí enfatiza que «Zelaya violó la ley. Esto no es un golpe militar».
Tegucigalpa. - Las calles de Tegucigalpa se convirtieron en escenario y prueba palpable de la división existente entre seguidores y detractores del derrocado Manuel Zelaya.
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En el centro de la capital y en los alrededores de la Casa Presidencial, miles de hondureños vitorearon y vituperaron ayer a Zelaya y a Roberto Micheletti, el presidente nombrado el domingo por el Congreso con aval de los militares.
Si a primera hora el céntrico Parque Central se llenaba con pancartas de apoyo al Gobierno como «Fuera dictaduras chavistas» o «defendamos nuestra democracia», en la tarde eran los seguidores de Zelaya los que ponían el grito en el cielo con acusaciones de «golpista» al nuevo jefe de Estado.
Tras rezar una oración con las manos tomadas y cantar el himno nacional, los detractores de Zelaya reiteraron ayer, como viene haciendo el Gobierno desde fin de semana, que la salida violenta del mandatario del país y su posterior destitución en el Congreso no fue un golpe de Estado, sino una «sustitución constitucional».
Convocados por la Unión Cívica Democrática (UCD), una organización que integran políticos, empresarios, iglesias y agrupaciones sociales, los manifestantes aseguraron que Zelaya había sumido al país «en un desgobierno» y una situación de inestabilidad desde hacía días por la consulta que impulsaba. Se dirigieron a la multitud Micheletti y el jefe del Estado Mayor de las Fuerzas Armadas, Romeo Vázquez, un hombre que había sido destituido por Zelaya y volvió a su cargo con el golpe. El referendo, declarado ilegal y convocado para el domingo, buscaba consultar a la población sobre la necesidad de una reforma constitucional, algo que fue visto por la oposición a Zelaya como un intento de volver al poder en el futuro.
«Honduras no tuvo un golpe de Estado, hubo un cambio de Gobierno, había que hacerlo, si hubiera habido un golpe no habría un Congreso, una Corte de Justicia, un Poder Ejecutivo funcionando», dijo Lisi Matute, una dentista de 27 años.
Los detractores de Zelaya insistieron en que el Gobierno de Micheletti no ha sido reconocido por ningún país debido a que fuera de Honduras «no entienden» las razones que obligaron a los militares a sacarlo del poder y aseguran que quienes repudian al nuevo gobernante son «una minoría».
En otra parte de la ciudad y a escasos metros de la Casa Presidencial, varios cientos de sindicalistas y miembros de organizaciones sociales colocaban de nuevo barricadas improvisadas, mientras demandaban la vuelta al poder de «Mel», como se conoce popularmente al depuesto presidente.
«Nosotros lo elegimos (a Zelaya) y sólo nosotros lo podemos sacar. Esto fue un complot», denunció Mariela Salinas, una estudiante de 18 años. El anuncio hecho ayer por Zelaya de que regresará mañana a Honduras fue recibido por sus seguidores con alegría. «Tenemos fe en que regrese el jueves y a ver qué pasa. Vamos a resistir», declaró Roberto Pavón, un maestro que llegó hasta el lugar desde el extrarradio de la ciudad.
«Lo vamos a apoyar (a Zelaya) hasta que vuelva y si lo quieren detener nos van a tener que detener a todos», dijo Jairo Cerrato, de 28 años.
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