¿Qué fue lo que compró la empresa nacida en Avellaneda? Básicamente dos empresas agobiadas por el peso de sus deudas, una de las cuales está prácticamente inactiva. Las firmas que incorporó y las condiciones en que lo hizo son:
La fundición es la vieja Thomson Ramco y era proveedora del grupo Dana, que -salvo su división Eaton- dejó el país. En la firma trabajan 100 personas, que Taranto promete conservar por el alto valor que tiene el «know how» de ese personal.
Taranto admite que la inversión que hará falta para adaptar la fábrica a las exigencias de VW estará «entre los u$s 10 y los u$s 40 millones»; la suma dependerá de las cantidades de piezas que les conceda la alemana en su distribución global de encargos. «Estamos gestionando un crédito con el DEG, un organismo que financia la exportación de bienes alemanes», agrega. «Pero como nos haría falta una máquina japonesa, también estamos viendo los créditos del Bicentenario».
Apuesta
La planta, de 12.000 m², se levanta sobre un predio de 30.000 m² en Ferreyra (Córdoba), calle de por medio de la fábrica de Fiat. La gran apuesta en este caso es -además de recuperar a Renault como cliente- participar en el megaproyecto «326» de Fiat, un mediano que sucederá al Siena y que es la gran apuesta para pasar de los actuales 430 autos por día que producen en Ferreyra a 1.200 en tres años.
Taranto dice que la fabricación de matrices -cuya vida útil es igual al número de años que la terminal haga el modelo para el que fueron confeccionadas- «es de picos: las terminales lanzan uno o dos modelos nuevos por año, todas al mismo tiempo, y a veces no se da abasto. Y después pasa un año casi sin trabajo. Por eso muchas empresas del sector desaparecieron: las terminales comenzaron a traer las matrices desde Oriente, y cuando pasa esto, se pierde el control de la fabricación porque acá no hay quién las repare. El paso siguiente es lo que sucedió en los últimos años: se traen casi todas las partes, y se termina siendo no más que una ensambladora».


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