«Hasta ahora estamos viendo que la Feria del Libro tiene un 20 por ciento más de público, comparado día con día con el año anterior. Conviene recordar que 2009 fue un año de crisis, de Gripe A, de problemas económicos fuertes, y entonces es fácil que se lo supere, el tema es si podemos alcanzar a lo que fue la Feria del Libro de 2008, que es uno de los puntos más altos de nuestra historia», comentó a este diario el editor Horacio García, presidente de la organizadora Fundación «El Libro».
La Feria siempre tuvo sus momentos de confrontación, y para Horacio García «eso es lo que demuestra que está viva, que interesa, que moviliza a la gente, lo peor que pudiera pasar es que fuera una feria aburrida. Nosotros sabíamos que íbamos a tener momentos polémicos, controversiales, que iba a haber confrontaciones, sobre todo en las mesas redondas de periodistas, pero por el momento eso no ocurrió. Supusimos que podía disparar algún problemita, y que con nuestra gente de seguridad los íbamos a poder controlar, como ocurrió hacia el final de la presentación del libro de Hilda Molina. Eso ha sido así, salvo en el caso del la presentación del libro de Gustavo Noriega, que hubo que llamar a la policía. De cualquier modo los actos se hicieron. El asunto es que esos actos se comentan pero nadie dice que la sala Jorge Luis Borges estuvo repleta de gente el lunes a las cuatro de la tarde para el «Homenaje a Homero Manzi» que organizó la Asociación Mutual del Club Huracán y que, unas horas después, pasó lo mismo cuando habló el escritor italiano Alessandro Baricco».
Baricco, autor de «Novecento» y «Seda», dos de sus obras que fueron llevadas al cine, realizó una especie de clase sobre la literatura que fue impulsada por las preguntas del escritor y traductor Guillermo Piro y «cortocircuitada» por el comentarista musical Diego Fisherman. Señaló que como Samuel Beckett gozaba de escribir, que era lo que sentía que sabía hacer, un trabajo artesanal, y que creía que sentía el mismo temor ante la página en blanco que Messi cuando entraba al verde de la cancha. Explicó que siempre partía de la musicalidad de las palabras, y que necesitaba que la música construyera el fondo de la historia. Recordó cómo inventó una ciudad, uniendo dos palabras halladas al pasar, y luego resultó que no sólo esa ciudad existía, y lo que había contado en su novela había ocurrido allí, sino que en esa ciudad querían homenajearlo por la rigurosidad de su obra, que él había imaginado por entero. La mayoría de los asistentes parecía saber que estaba hablando de su consagratoria novela «Seda».
La Argentina, dijo, es para todos los italianos el lugar mítico de nuestras fantasías, ese donde siempre hay alguien que estuvo, ese que siempre se quiere ir a conocer. «Yo, dijo, tuve el deseo de venir a encontrarse con la Patagonia de Chatwin y con la tierra de Maradona.» Cuando lo forzaron a hablar, como resultaba obvio, de escritores argentinos, señaló su deuda con Cortázar, pero que como Italo Calvino, ya son de otro tiempo, que pertenecen a otros modos del mundo, cuando ya se pensaba en que íbamos a tener un mundo dominado por la imagen, pero nadie pensaba que se iba a escribir en un teléfono, en un celular. Borges para él fue una sorpresa, no entendía que un escritor argentino escribiera en inglés, pensara como un inglés, con tal excelencia. En cambio, para él, el más grande era Osvaldo Soriano, que le hizo conocer la Argentina y su gente, que tiene tanto de italiana, que lo llevó a imaginar un partido de fútbol en la Patagonia, a divertirse, a descubrir lo profundo en lo liviano. Con Soriano lo comunica la pasión por el fútbol. Y Baricco sostuvo que el carácter de un hombre se lo puede conocer realmente viéndolo jugar al fútbol. Aunque él encontró que para el ritmo literario, para la construcción de un relato, le había servido el tenis. Aunque explicó que eso era su encuentro personal con un modo de dialogar con el texto, y que a sus alumnos de su Escuela de Escritura, que bautizó Holden en homenaje a Salinger, le dice: no hagan literatura, cuenten una película, porque eso les impone tener que narrar.
En la mayoría de los stands no quieren adelantar cifras de ventas, sólo suelen decir, con inocultable optimismo, «se está vendiendo». En el caso de las editoriales que cuentan con best sellers, admiten entre 15 y 20 por ciento más de ventas, y para su sorpresa que «se está vendiendo más ficción que libros que se esperaba que fueran el boom, sobre todo algunos de política».
Donde se están dando las mayores ventas es en los stands de ofertas, que este año parecen haberse multiplicado, donde hay libros desde 5 pesos en adelante. Y en los que tienen libros juveniles, de comics, de aventuras, de vampiros. Esto especialmente porque en los días hábiles hay invasión de chicos de colegios.
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