"Más que un político, parece toda una estrella de rock", dijo Eugenia Díaz, estudiante de leyes de 19 años, mientras agita un cartel en forma de corazón con la leyenda "Te amo, Henrique" durante un acto en una cancha de básquetbol en la oriental ciudad de Maturín.
Al igual que en la campaña electoral del 2012, en la que Capriles fue derrotado por el desaparecido Hugo Chávez, el joven y enérgico líder opositor estira todos los días que queda hasta los comicios del 14 de abril recorriendo cada rincón de la nación sudamericana. Sin embargo, pese a la euforia que desata, el gobernador de 40 años nuevamente luce en desventaja contra su rival, el presidente interino Nicolás Maduro y heredero político del bolivariano.
"Hay una posibilidad de ganar, aunque tengo todo en contra", dijo Capriles mostrándose entusiasmado, aunque realista, tras una caravana por el estado de Bolívar, al sur del país, donde sus seguidores hasta le arrancaron los botones de la camisa.
Maduro, de 50 años, no sólo tiene a su favor el haber sido designado por Chávez en el último discurso antes de morir; también cuenta con el poder del Estado y su músculo financiero para la campaña. Esto, por ejemplo, le permite aparecer cuando quiere en cadena nacional de radio y televisión, algo que sus detractores consideran un evidente abuso de poder. "Luchamos contra un presidente que es candidato, contra todos los dólares del petróleo, contra los poderes públicos, contra el Gobierno cubano", se quejó Carlos Ocariz, jefe de campaña de Capriles.
A pesar de que la campaña es corta, Capriles utiliza la misma estrategia física de 2012 con una demoledora agenda de viajes que incluye dos estados por día y mezcla actos con entrevistas y reuniones comunitarias y políticas. Sin embargo, el otrora conciliador político ha agregado un confrontativo tono a su discurso. En cada oportunidad, Capriles desafía a Maduro, refiriéndose a él solamente como "Nicolás" y tratando de dibujarlo como un títere de Cuba que intenta imitar a Chávez. Una de sus burlas es la adaptación de un irónico dicho venezolano "Nicolás, no te vistas que no vas", frase que se ha convertido en un coro en sus actos de campaña.
Más allá de la retórica, Capriles busca presentar una visión radicalmente diferente de gobierno al socialismo que practicó Chávez y que Maduro juró continuar. El joven gobernador se ve como un político de centro que admira el modelo brasileño de libre mercado con sólidas estrategias de bienestar social y que busca poner fin a la aguda polarización del país y la nacionalización de la economía. Eso sí, promete mantener lo mejor de los proyectos que aplicó Chávez para combatir la pobreza.
Mientras la campaña intenta nuevamente atraer a los indecisos, la participación puede ser un factor crucial. Los partidarios de la oposición todavía se lamen las heridas de la doble derrota que sufrieron el año pasado: perder las elecciones frente a Chávez y luego ser aplastados en las regionales, donde apenas alcanzaron 3 de las 23 gobernaciones. Por eso es que el primer desafío de Capriles será conseguir que vuelvan a participar los 6,6 millones de personas que votaron por él en las presidenciales de octubre. El candidato logró el 44% de los sufragios en los comicios, que tuvieron una asistencia récord del 80%.
La oposición también espera que al menos una parte del oficialismo se plantee la pregunta de si Maduro puede calzarse las botas de Chávez. "El mayor reto de Capriles es vencer la apatía y el sentimiento de que no hay nada que hacer para cambiar el resultado esperado", sostuvo el analista local Luis Vicente León, director de la respetada encuestadora Datanálisis.
| Agencia Reuters |


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