Cuando la poesía escatológica refleja lo que sus autores varones tienen en la cabeza, viene bien recordar uno de los mayores vates de nuestra época, que decía en 1967: «Vivir es fácil con los ojos cerrados, malentendiendo todo lo que ves...» (Strawberry Fields Forever, John Lennon; S.F. era un orfanato del Ejército de Salvación, donde él jugaba de chico). Esta glosa del autor de «Imagine» refleja el comportamiento de muchos integrantes del sistema financiero (y político) y las consecuencias que trae. Según Transparencia Internacional el Gobierno de EE.UU. fue percibido este año como el 19º menos corrupto del mundo (corrupción: abuso del poder público en beneficio privado). El mejor año fue 2000 cuando ocupó el puesto 14º y el peor -estadísticas desde 1995-, 2011 con el lugar 24º (el cambio metodológico 2012 desplazó 5 países hasta entonces «menos corruptos» que EE.UU. y eliminó 6 más transparentes que la Argentina -tomada como parámetro de comparación-, que en lugar de caer al puesto 108 lo hizo al 102). Durante la gestión de Bill Clinton el país se colocó en el puesto 16, con George Bush en el 18 y en lo que va de Barack Obama en el 21 (la administración Menem fue evaluada con 3,49 puntos sobre 10; De la Rúa con 3,50; Duhalde con 2,80; Néstor Kirchner, el «menos limpio», con 2,72 puntos y su sucesora algo mejor con 3,04). Aun reconociendo los problemas del cálculo, es claro el creciente desprestigio del Estado norteamericano (y del argentino). En el largo plazo esto es más importante que el circunstancial avance para sortear el «precipicio fiscal», los buenos datos de órdenes a fábrica e índice ISM no manufacturero (el Dow trepó un 0,64% a 13.034,49 puntos) o el más del 6% que perdió Apple (la mayor caída desde 2008; el Nasdaq cedió el 0,77%).
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